Terrorismo, medallas y sobreactuación

Mucho se ha escrito ya, durante esta última semana, sobre el atentado terrorista de las Ramblas y Cambrils. Suficiente para que la ciudadanía, prestataria de los servicios públicos de seguridad ciudadana, se haya hecho una idea de los errores y aciertos de esas dos intervenciones. Intervenciones que han sobrepasado el ámbito estricto de la policía y se han mezclado con la utilización mezquina de las víctimas, para hacer propaganda de los intentos de secesión de Cataluña.

Este último elemento está contaminando el análisis riguroso de la propia intervención policial para poder extraer de ella conclusiones, en la línea de buenas prácticas, que ayuden a prevenir o mejorar futuras intervenciones.

Cuando todavía no se ha disipado el humo de la pólvora, ni se ha realizado ese análisis riguroso de los hechos, la propuesta de “condecorar” al cuerpo de MMEE como tal institución aparece nítidamente como un autobombo más de propaganda para insuflar ánimos a las huestes del 1-O, que un acto que beneficie, ni siquiera interese, al buen nombre de la policía autonómica.

En España, desde el último atentado del 11-M de 2003, la policía ha realizado 220 operaciones, de las que se han desprendido 723 detenciones relacionadas con la lucha contra el terrorismo yihadista. De ellas, 48 lo han sido en Cataluña donde se han practicado 73 detenciones; el 30% del conjunto estatal (www.interior.gob.es)

¿Han oído vds. que alguno de los cuerpos policiales intervinientes haya sido condecorado?

¿Merece más reconocimiento público o institucional la acción de abatir a cinco terroristas y detener a cuatro, que ya habían causado quince víctimas inocentes; que el ingente trabajo de prevención realizado en la evitación de un solo atentado de los que se estaban preparando en estos últimos 14 años?

Desde la humilde opinión de este experto en seguridad pública, que ha dedicado 37 años a la profesión policial, el único que se merece un reconocimiento específico es el agente que abatió a los cuatro terroristas de Cambrils, evitando un peligro mayor. Y precisamente por su propio interés profesional y  supervivencia física, de él y de su familia, es al que no hay que mencionar en público. Bastante error del Departamento de Interior fue fotografiarle y señalarse con un círculo en la cabeza, en la visita que Trapero hizo a la comisaría de Cambrils.

Preservar la identidad de este magnífico agente, que irremisiblemente habrá de cambiar de identidad y trasladarse de domicilio, es una responsabilidad no solo de sus mandos, por exhibirle en público, sino también de los propios medios de comunicación.

 

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