Teresa Freixes: “Los plenos del 6 y 7 de septiembre, el 1-O y la DUI se insertan en un verdadero Golpe de Estado”

Teresa Freixes durante la presentación de su libro en Barcelona

La presidenta de Concordia Cívica y catedrática de Derecho Constitucional Teresa Freixes ha publicado recientemente un brillante ensayo sobre la evolución de la situación política catalana que llevó a la aplicación del artículo 155 de la Constitución. ‘155. Los días que estremecieron a Cataluña’ (Ediciones Doña Tecla). Se puede adquirir aquí, en la tienda on line de El Corte Inglés, entre otros puntos de venta.

¿Es el 1 de octubre la culminación de un golpe de Estado?

Como explico en el libro “155. Los días que estremecieron a Cataluña”, desde Kelsen hasta los analistas actuales, como entre otros Malaparte, Meyssan o Sharp, lo que sucedió el 1 de octubre, unido a los plenos de la vergüenza del 6 y 7 de septiembre, la DUI, así como los intentos de impedir la realización de investigaciones judiciales y policiales, constituyen un verdadero golpe de Estado, puesto que se iban dirigidos a suplantar el orden constitucional democrático vigente por el que se pretende imponer desde el secesionismo.

¿Cuáles son las características de este golpe de Estado?

Lo que caracteriza, jurídicamente, a un golpe de Estado es la sustitución de un orden jurídico legítimo vigente por otro, sin que para hacerlo se tengan en cuenta los procedimientos establecidos para hacerlo. Dicho esto, para lograrlo, no es necesaria la realización de un levantamiento armado (las típicas “asonadas” decimonónicas), sino que, de un modo mucho más sutil, basta con que unos mil técnicos bloqueen las capacidades del Estado y hagan creer a la mayoría de la población que ello es lo adecuado y que deben mantenerse neutrales.

Para lograrlo, se organiza un proceso de movilización que comporta la división de la sociedad mediante la realización de acciones radicales no directamente violentas y, por otro lado, se efectúan acciones más o menos clandestinas, de modo que lo que denomina trabajo sucio es llevado a cabo por gente de buena fe, que no se da cuenta de la manipulación de que son objeto; Sharp describe también las etapas preparatorias, que comportan la propaganda para deslegitimar a las autoridades, el “calentamiento” de la calle, el uso de diversas formas de lucha y la preparación para la resistencia a la acción del poder primigenio.

En suma, se va instrumentando una etapa de creación de malestar social, seguida de otra en la que se descalifica a las instituciones acusándolas de violar los derechos democráticos, con lo que se genera la realización de intensas campañas manipulativas para movilizar a la sociedad y conseguir, de este modo, desestabilizar al gobierno, crear un clima de ingobernabilidad y obtener los resultados apetecidos.

¿La aplicación del 155 llegó a tiempo, o llegó tarde?

Llegó tarde. Mucho antes ya estaba justificada su aplicación. Felipe González se refirió al 9N como suceso que ya lo hubiera legitimado. También se ha situado a los plenos del 6 y 7 de septiembre pasado, en los que se aprobaron, sin respeto de los procedimientos debidos, la Ley del derecho de autodeterminación la Ley de transitoriedad jurídica e instauración de la república.

Ambas se prepararon en secreto, sin respeto de los procedimientos ordinarios, sin que la oposición parlamentaria pudiera conocer su contenido más allá de filtraciones a la prensa. Se reformó el reglamento del Parlament de tal modo que estas leyes pudieran ser aprobadas mediante un procedimiento en el que la oposición no tenía derecho a presentar enmiendas ni a discutirlas, quebrándose así uno de los principios básicos del parlamentarismo.

También, antes de que se activara el art. 155, el Govern y la mayoría secesionista del Parlament aprobaron una Declaración unilateral de independencia, que fue tal, por más que luego quisieran aparcarla, pues la votaron y firmaron, aunque luego declarasen que la dejaban en suspenso y no la publicaran oficialmente y la escondieran. Y tenemos, también todo el tema de la violación continuada de derechos ciudadanos a través de la actuación de los políticos y Mossos secesionistas el 1 de octubre, en la “huelga de país”, en la acción de los CDR, etc. Llegó tarde el 155, porque se habían dejado consolidar muchas cosas que no hubieran sucedido si hubiera sido aplicado antes.

¿Se aplicó el 155 como convenía?

El art. 155 es un instrumento de coerción federal. Se trata de un artículo que está previsto para poder dar una solución de orden técnico-jurídico al problema que se puede originar cuando una comunidad autónoma se sitúa al margen de la Constitución y las leyes. Es decir, cuando no cumpliera lo que en los estados federales se denomina lealtad federal.

Regulaciones semejantes las encontramos también, incluso con más compulsión sobre el ente federado, en la Constitución de los Estados Unidos de América (el art. I, sección 8, (15), que permite decretar la convocatoria de la milicia con el fin de aplicar las leyes de Estados Unidos, y reprimir las insurrecciones, y que inspiró las regulaciones constitucionales de Argentina, Brasil y México. En Italia, la Constitución (art. 120) permite directamente la disolución y sustitución por otros de los órganos regionales. Y parecidos instrumentos jurídicos los encontramos en Austria y Suiza.

En nuestro caso, este artículo 155 lo que permite es que, a propuesta del Gobierno y con la aprobación de la mayoría absoluta del Senado, determinadas competencias o atribuciones, identificadas en la propuesta del Gobierno y aceptadas por el Senado, dejen de ser ejercitadas por las autoridades de la comunidad autónoma y pasen a serlo directamente por las autoridades centrales o que se establezcan mecanismos para que las autoridades autonómicas cumplan forzosamente con la legalidad.

El acuerdo tomado en el Senado para implantar las medidas derivadas de la aplicación del art. 155 se ha centrado en el cese del Govern y la disolución del Parlamento catalán. Obtuvo una amplia mayoría: 214 votos a favor (PP, PSOE, C’s, UPN, Foro y CC), 47 en contra (Podemos y los nacionalistas) y una abstención (Nueva Canarias).

Básicamente ha consistido en el cese del Gobierno de la Generalitat presidido entonces por Puigdemont, la disolución del Parlamento y la celebración de elecciones autonómicas el 21 de diciembre pasado y el cese de algunos altos cargos (el control presupuestario, que algunos atribuyen al art. 155 no es tal, sino que deriva de la aplicación de las previsiones de la Ley de estabilidad presupuestaria). Pero las “estructuras de Estado” creadas por el secesionismo, insertas fundamentalmente en la administración de la Generalitat, han quedado, salvo contadas excepciones, prácticamente incólumes.

Esta aplicación del art. 155 CE debe terminar con la formación del nuevo Govern de la Generalitat, según se dispone en el Acuerdo tomado en el Senado. Pero ello no impide que, si las autoridades de Cataluña no cumplen con las obligaciones constitucionales, estatutarias o legales o continúan poniendo en peligro e interés general, rápidamente pueda el Gobierno volver a instar al Senado una inmediata y nueva aplicación del art. 155 CE. Esperemos que para hacerlo, si es el caso, se tome buena nota de lo que ha funcionado y, sobre todo, lo que no ha funcionado durante la vigencia del Acuerdo del Senado a que me he referido. Todo ello con la finalidad de que una nueva aplicación de este artículo resulte, de verdad, efectiva.

Usted ha tenido experiencia en Mostar o el Ulster tras los años de plomo en ambos países. ¿Ve similitudes con la realidad catalana actual?

No sólo en estos países, sino también en otros con problemas similares. Lo más terrible que ha sucedido en todos ellos ha sido la fractura social que los estallidos secesionistas originaron. En Mostar, todavía ahora, cruzar la Neretva es casi un imposible para cualquier habitante del lugar por la ruptura entre las comunidades bosnia y croata, asentadas mayoritariamente en orillas enfrentadas (salvo el 5% de la otra comunidad que los Acuerdos de Dayton obligaron a residir en “territorio ajeno”); no existe diálogo civil entre ambas, cada comunidad tiene su respectiva universidad y los agujeros que todavía existen en las paredes de las casas evidencian que la guerra constituyó un enfrentamiento directo con el vecino de al lado.

En Belfast, todavía ahora, los muros que separan los barrios “católicos” y “protestantes” cierran sus puertas metálicas al atardecer, en teoría para impedir enfrentamientos, pero en la práctica para mantener el aislamiento de cada una de las dos comunidades que se han enfrentado durante años. En ambos casos, la reflexión que siempre me viene a la cabeza es que ya no se matan pero continúan odiándose. Fueron, en ambos casos, los enfrentamientos por cuestiones identitarias los que llevaron a un conflicto armado, por suerte ya terminado, y a un conflicto civil que está muy lejos de cerrarse.

¿Cuál ha sido el papel de la televisión y radio de la Generalitat en el proceso secesionista?

Podríamos ponerlo en presente, porque los medios públicos y los medios privados subvencionados han estado alimentando el procés durante largo tiempo. En forma similar a cómo lo hicieron los medios de comunicación en los lugares que acabo de explicar, o en Ruanda, o Moldavia, por poner unos ejemplos distintos.

Como buenos conocedores de la estrategia goebeliana, los autores del documento de los años 80, cuyo título era “Recatalanizar Cataluña”se esmeraron un tanto. El primer objetivo declarado era “Lograr que los medios de comunicación públicos dependientes de la Generalitat sigan siendo unos transmisores eficaces del modelo nacional catalán”.

Para ello, se fijan como instrumentos a utilizar, la depuración del lenguaje, posibilitar una programación global catalana, mejor y mayor difusión de los “productos culturales catalanes”, extender el marco de emisión a los ‘Països Catalans’, creación de un ámbito de pensamiento que proyecte un estado de opinión nacional, potenciar la prensa escrita en catalán, crear un código de comunicación ad hoc, favorecer determinados medios de comunicación, crear una agencia de noticias catalana de espíritu nacionalista o favorecer la concesión de ayudas a las emisoras con programación catalana. La difamación del contrario, la creación de tabloides subvencionados, se sitúa también a la orden del día. ¿Les suena, no?

Si a ello añadimos la influencia de las redes sociales, en las que el secesionismo está permanentemente presente, tenemos servido un excelente y eficaz adoctrinamiento, puesto que la educación que se ha venido recibiendo durante décadas ha contribuido a “normalizar” todo ese “neolenguaje” y a facilitar la asimilación de conceptos tergiversados por buena parte de la población. Costará lo indecible contrarrestar algo tan bien orquestado durante tanto tiempo.

¿Ve voluntad por parte del secesionismo catalán, si consiguieran su objetivo, de aplicar la ‘vía lituana’ que expulsó a una buena de la población de estos países de los derechos de voto y ciudadanía?

Hay que tener en cuenta que una de las cuestiones más complicadas que acompañan a la creación de un nuevo Estado, segregado de otro Estado predecesor, es la elaboración de las leyes reguladoras de la nacionalidad de los ciudadanos del Estado recién creado. Porque hay que determinar a quién se la concede y bajo qué condiciones, siendo particularmente puntilloso el determinar esta regulación cuando se trata de estados que, como los del Báltico, no son socialmente homogéneos, pues existe en ellos población de origen por una parte y, por otra, población que ha llegado a ellos debido a los desplazamientos y/o migraciones a que antes me he referido.

Sin que sea exactamente igual, dado que todo esto nos reconduce también a Cataluña, hemos de tener presente que aquí, además de la población que podríamos denominar “autóctona” (la de los, jocosamente, como mínimo, ocho apellidos catalanes) está presente y arraigada una población que en la segunda mitad del siglo XX se estableció en Cataluña proviniendo de otras partes de España y que, hoy en día contamos con un buen porcentaje de población extranjera, nacionalizada o no española, con mayor o menor arraigo.

El problema que se planteó en las repúblicas bálticas con las leyes de nacionalidad constituye algo a tener en cuenta si reflexionamos acerca de qué consecuencias tendría, para la ciudadanía residente en Cataluña, la regulación sobre la nacionalidad que fuera hipotéticamente adoptada en una Cataluña independiente.

Si hacemos caso de lo que se manifiesta en los Informes del “Consell per a la Transició Nacional” [Consejo para la Transición Nacional] y los cruzamos con la Hoja de Ruta que, aunque la autoría sea un tanto confusa, circula por ahí como proveniente de la Asamblea Nacional Catalana, vemos que quieren crear un cierto paralelismo entre lo que han denominado “el procés” y la “Vía Báltica” y su conformación de la asimilación nacionalista. La atribución de la nacionalidad, institución jurídica básica en la creación de cualquier Estado, está inspirada en las regulaciones de las repúblicas del Báltico, que tanta discriminación han producido en las minorías que no eran nacionales del lugar cuando estos territorios proclamaron la independencia.

En este sentido, la Ley de transitoriedad jurídica contiene regulaciones genéricas que precisarán de un desarrollo en el que se tendrán que detallar qué requisitos concretos (no sólo filiación y residencia) se tendrán que cumplir para obtener la nacionalidad catalana. La misma técnica que en las repúblicas del Báltico. Primero regulaciones genéricas que no levanten sospechas.

Luego, cuando se adopta la ley específica, se fijan los criterios que favorezcan lo que se quiere favorecer. Y quien no cumpla con ellos no puede adoptar la nacionalidad y, según como se regule todo esto, muchas personas pueden quedarse como apátridas, como ha sucedido en las repúblicas bálticas, Y si no se quedan como apátridas habrá que ver si pueden o no mantener la nacionalidad de origen, en qué condiciones y con qué efectos. Lo mismo que en el Báltico. La misma técnica que allí.

Primero, para obtener la independencia, se hace creer que prácticamente todo el mundo podrá tener la nacionalidad y, posteriormente, se establecen los requisitos con criterios supremacistas. Eso no está en la Ley, pero nos lo han contado en numerosas conferencias y cursos. Por cierto, olvidan que ningún Estado puede atribuir unilateralmente -como además pretenden- la doble nacionalidad con ningún otro.

¿La Unión Europea combatirá el populismo secesionista catalán, o dejará hacer?

Nacionalismo y populismo constituyen un torpedo en la línea de flotación de la Unión Europea. Hay que recordar que una de las mayores mentiras sobre las que se ha montado todo el procés es la relativa a que una Cataluña independiente no saldría de la Unión Europea sino que se mantendría dentro de ella sin más, o que, en caso extremo, podría abandonar la UE durante un corto período de tiempo pero que enseguida volvería a entrar porque Europa no podía prescindir de un territorio tan apetecible como es, decían, para Europa, el territorio de Cataluña. Europa, afirmaban, no podría despreciar el PIB de Cataluña.

Sin embargo, contrariamente a las conjeturas y aspiraciones del secesionismo, la importancia del apoyo de las instituciones europeas a nuestro sistema constitucional ha sido determinante. Como dijo el presidente del Parlamento Europeo Antonio Tajani en declaraciones públicas, y me repitió en persona en el propio Parlamento el día del aniversario de la Constitución, el ataque contra el orden constitucional de un Estado miembro es un ataque al orden jurídico europeo que la UE no puede consentir.

Juncker, el presidente de la Comisión Europea realizó también unas tajantes declaraciones, afirmando que “el nacionalismo es veneno” para Europa. Cuando, en primavera, con el Movimiento Europeo y con las Instituciones de la UE, celebramos en Roma el 60 aniversario de la creación de las primeras Comunidades Europeas, que constituyeron el embrión de la actual Unión Europea, el lema del encuentro fue “No al nacionalismo, no al populismo”. Hemos tenido la gran suerte de estar en el siglo XXI y de formar parte de la Unión Europea. De otro modo, ni tan siquiera tendríamos la opción de organizar la resistencia.

Uno de sus lemas es “seguimos”. ¿Los constitucionalistas catalanes ganarán la batalla de las ideas en Cataluña?

Pues sí. Seguimos. Y cada uno en su entorno. Que todo suma.


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