Publicamos a continuación, en orden cronológico, dos artículos de Teresa Freixes sobre el confinamiento de Lleida, tanto del perimetral, dictado hace unos días, como el domiciliario hecho público este domingo.
¿QUEDA ALGUIEN QUE SEPA GESTIONAR EN ALGÚN SITIO?
No quería abordar estas cuestiones, harto difíciles, pero lo sucedido en Lleida, mi ciudad natal y a la que voy con toda la frecuencia que puedo, desborda ya mi paciencia al respecto. Varias razones:
– Falta de previsión: Lleida siempre ha sido una ciudad con gran afluencia de personal temporal, sobre todo en las zonas agrícolas y en la industria derivada. Desde que tengo recuerdos existe un porcentaje importante de población estacional, aunque muchos viven allí (muchas veces malviven) de forma permanente porque la agricultura leridana no es sólo de primavera/verano, sino que también mantiene gran actividad en otoño/invierno. Esto deben saberlo las autoridades que rigen la zona (desde los ayuntamientos hasta el Ministerio de Sanidad, pasando por la Generalitat que es quien tiene la competencia de ejecución y gestión en materia de sanidad y trabajo). No cuesta, pues, tanto, detectar cuáles son las zonas y los grupos de población de riesgo y tomar medidas preventivas selectivas, que no paralicen la economía y minimicen los riesgos a la población en su conjunto.
– Irresponsabilidad en el abordaje del problema: Ello no es nuevo. El acogimiento de población temporera debe ir unido a proporcionar los medios que permitan el trabajo en seguridad, cumpliendo la legislación existente al respecto (se echa a faltar, lo ha hecho ya el Parlamento Europeo, una legislación europea sobre este tipo de trabajo y los desplazamientos que conlleva, que afecta a muchos de los Estados miembros de la UE, pero el Parlamento Europeo no tiene la competencia para hacerlo, sino que lo debe proponer la Comisión y ser aprobada en co-legislación por Parlamento y Consejo). Entretanto, no es aceptable que cientos de personas vivan en la calle de cualquier modo, no sólo ya por la pandemia, sino porque un Estado de la UE, democrático y social como asevera en su propia Constitución, no puede tolerar que ello suceda. Y existen modos, muchos, para evitarlo. No sólo el control de fronteras al que algunos aluden sino a la organización racional de la distribución poblacional en las zonas donde se les necesite, con las debidas previsiones laborales, sanitarias y de alojamiento.
– Nefasta política de comunicación: Siempre echando las culpas al otro. El alcalde de Lérida (ERC ahora) diciendo que la culpa la tiene el Estado (vaya, ¿se ha enterado de que el Estado existe?) porque no ha controlado las fronteras, lo cual no es cierto dicho así, porque no son «nuevos llegados» la inmensa mayoría de los temporeros que hay en la ciudad, sino que están en ella desde hace tiempo, muchos llevan años ahí, y otros van y vienen de las zonas hortofrutícolas colindantes, unas en la propia provincia de Lerida y otras en las de Huesca. El Sr. Simón, diciendo que celebra la medida pero que se tenía que haber confinado antes. ¿Antes? ¿A todos? Es muy fácil eso de muerto el perro se acabó la rabia, pero resulta que en este caso la medida pueda que sea ineficaz, ya que la limitación de la libertad de circulación a 200.000 personas es matar moscas a cañonazos, dando «por casualidad» en la diana, al no incidir sobre quienes verdaderamente son población de riesgo. Y Torra afirmando que el resto se calle «porque las decisiones ahora se toman en Cataluña», usando a su antojo a policías y otros servidores públicos, como si ello constituyera premisa de acierto asegurado; precisamente por la nefasta gestión que su gobierno ha hecho de la crisis tenemos ahora los rebotes. Así que vayan Vds. pasándose las culpas unos a otros, mientras los sanitarios hacen lo que pueden con los escasos medios que se les ha proporcionado. Sí, los recortes en sanidad, han sido de los más brutales en Cataluña, donde la Generalitat ha hecho de su capa un sayo, sin tener en cuenta las necesidades reales de la población. Y ahora quiere culpar de ello al resto.
– Falta de abordaje global de la situación: No estamos sólo ante una crisis sanitaria, que también, sino ante problemas socioeconómicos derivados o que inciden en la misma, que se acumulan a los existentes previamente. Ello implicaría un análisis multidisciplinar que no se ha hecho. Un abordaje sanitario, ciertamente, pero también sociológico porque la población no es homogénea, psicológico sobre los grupos o personas más vulnerables para que puedan soportar mejor los nefastos efectos de esta crisis, cultural porque no sólo de pan se vive y se precisa tener «asideros» válidos, y, entre otros, jurídico, porque incluso en tiempos de pandemia los derechos fundamentales, aunque pueden ser limitados, tienen que estar vigentes para todas las personas.
¿Que ello cuesta dinero? Efectivamente. Pero lo tienen, señores, lo tienen (y más que van a tener con las ayudas europeas). Lo que sucede es que no lo aplican a lo que lo tienen que aplicar. Y así nos va.
LLEIDA Y COMARCA EN CONFINAMIENTO DOMICILIARIO Y EL GOBIERNO DE ESPAÑA DESAPARECIDO
Como decía Fermín Morales, Catedrático de Derecho Penal, en el Webinar «Libertades en tiempos de pandemia», volvemos a la Edad Media, a pesar de estar en pleno siglo XXI.
No aprenden: decisión temporalmente indefinida, cuando en la primera medida, ya la jurisdicción contenciosa advirtió que se tenía que establecer por tiempo determinado, prorrogable si fuera necesario, pero con un límite temporal. La estableció en 15 días. Pero vuelven a las andadas: «Hasta nueva orden».
Estoy viendo la rueda de prensa por el Canal 3×24 de TVE. Todos los participantes, Generalitat, Diputación y Ayuntamiento, con el correspondiente lazo amarillo bien vistoso. Que no falte.
¿Y el Gobierno español? ¿Y la Delegación del Gobierno, o la Subdelegación? Da la impresión de que no está ni se le espera. Ni una declaración al respecto. Cuando lo que se está decidiendo ahí nos afecta incluso a los que estamos fuera de ese territorio específico, y no digamos a la provincia limítrofe, de Huesca, con la que se comparten servicios de diversa índole.
Nos han dejado al albur de los lazos amarillos.
(Ambos textos son de Teresa Freixes)
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