El Partido Popular de Extremadura no sale de su asombro al ver la reiterada negativa de VOX para darle su apoyo tras unos comicios en los que ganó sin lograr la mayoría absoluta. Está claro que el PP debe gobernar, al disponer de una clara victoria, pero eso no quita que el redondeo del número de escaños para alcanzar la mayoría requiera que, el que sume, deba plegarse y someterse obviando sus postulados, su programa o sus legítimos intereses.
Dicho esto, es comprensible que el partido de Abascal se ponga serio y no ceda en ciertos argumentos que son fundamentales en su ideario. Parece lo más inteligente desde el enfoque endógeno a esa formación. Amoldarse al dictamen del equipo negociador de la candidata Guardiola penaliza la solvencia del criterio inquebrantable y la filosofía de VOX, con daños directos si los ajustes afectan a temas de alta sensibilidad para el votante de dicha formación política.
El votante de VOX lo tiene muy claro. Su apoyo busca un cambio tajante en la dinámica y, con ese prisma, cualquier posibilidad de modificar su posición para adaptarse a la idea liviana de partidos menos claros en su postura puede descolocar al votante que pretende contundencia y al que no le vale ser contemplativo o desnatado.
El apoyo a uno u otro, de los dos que negocian para esa hipotética mayoría extremeña, se puede ver alterado en su actual reparto en caso de que se muestre tibieza o cierta connivencia. El votante desea ver una reacción, frente a los desaguisados que se heredan en los territorios por la nefasta gobernabilidad nacional de la ultraizquierda sanchista, por ejemplo, al ver la benevolencia que se ha tenido con los intereses económicos del separatismo catalán. La firmeza apuntala el compromiso del voto, pero la tibieza puede cuestionar o generar dudas.
VOX debe fijar sus líneas rojas. Es su razón de ser y lo que sostiene su crecimiento. Su conducta no puede ser aterciopelada, en línea con el devenir de aquellos que aceptan o pueden llegar a comprender el apoyo, por ejemplo, de los golpistas de Junts en una hipótesis electoral a futuro. Ese plan para la nación española, dando coba a los que quisieron romperla, no cabe en la mentalidad de los que han apoyado a la formación verde. Si se necesita su respaldo, para sumar la mitad más uno, ya se sabe lo que toca.
Mientras tanto, al margen de este tema que hoy centra la atención doméstica en Extremadura y pendientes de lo que pase a posteriori en Aragón, donde el islamismo avanza a pasos agigantados en los núcleos rurales con la consiguiente subida fidelizada de VOX, al rebelde Sánchez se le ha ocurrido desviar la atención de sus numerosas corrupciones sacando del baúl de los recuerdos el viejo lema de las Azores. Un pretexto para afianzar su esperanza de aglutinar, usando un mensaje que ya aturdió al electorado en su momento. Más mentiras y postureo electoralista del que vive de la estrategia del engaño y las bufonadas. Un personaje falto de palabra que no ve necesario cumplir con su propio programa, reajustándolo a conveniencia para seguir agarrado a un poder del que es patológicamente dependiente.
En este sentido, ya sabemos que nuestra mejor fragata va de camino a la “No guerra”, además de que hemos visto la entrada y salida de aviones militares logísticos de las bases estadounidenses, pese a ese discurso grandilocuente en el que Sánchez saca pecho y cuyo único fin es el de manipular a los votantes para postularse como la única alternativa.
Es obvio que en esto de la geopolítica no nos conviene ser el patito feo, recordando que España no es propiedad del Gobierno miserable del extremismo sanchista que la gobierna y hoy, desgraciadamente, la representa . España es de los que la sienten y respetan, de los que la defienden y aman., no de los que la pisotean y venden. Algo que conviene aclarar a Trump y a todos los gobernantes del resto de Europa y del mundo.
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.




















