Supremacismo catalanista

La definición de supremacismo figura como aquella creencia, doctrina o teoría que afirma que un colectivo es superior a otro, o al resto de colectivos humanos. La sociología moderna establece una clasificación de los distintos supremacismos, y desde hace tiempo, ya se está haciendo referencia al supremacismo blanco, supremacismo judío, supremacismo islamista y supremacismo machista, entre otros.

Los catalanes y el resto de los españoles, somos víctimas de un supremacismo catalanista, que tiene paralelismos con el supremacismo blanco de los Estados Unidos.  En el sentido de que los catalanes separatistas, tienen conciencia de ser los pobladores originarios de las tierras catalanas, sintiéndose obligados a defenderlas de los nuevos pobladores, ya sean de lo que ellos consideran inmigrantes españoles o del resto del mundo, porque asumen que su cultura autóctona, es superior a todo lo que pueda venir de fuera.

Paralelamente también se asemejan a los supremacistas judíos, ya que se sienten como un pueblo elegido, no por Dios, sino por la historia, y en base a esta concepción supremacista, llegan a la razón imperativa que les impulsa a defender su propia existencia, obteniendo con ello una justificación para pisotear los derechos civiles y lingüísticos de otras personas. El supremacismo es la explicación de esa voluntad inquebrantable, de imponer el catalán en todos los ámbitos de la vida social, ya sea en la escuela, la empresa y en los medios de difusión social.

El supremacismo catalanista al igual que el supremacismo judío, o incluso el islamista en Europa, se presenta como víctima de los “otros” ajenos a su comunidad, que siempre son más numerosos y poderosos, y bajo esta relación causa-efecto, autojustifican sus acciones y sus políticas antidemocráticas, como forma de acción necesaria para su propia supervivencia, como colectivo culturalmente diferenciado.

De esta forma el supremacismo catalanista, no invita a aprender catalán o a adquirir su propia cultura, sino que obliga a ello. Este imperativo obligacional, es lo que ha convertido al catalanismo abierto y tolerante, de las tres cuartas partes iniciales del siglo XX, en una ideología supremacista, que se presenta como un “contrato social de adhesión”, que estás obligado a suscribir si quieres vivir en Cataluña.

Los separatistas se rigen colectivamente por el “som els millors”, porque se consideran a sí mismos los más demócratas -porque no les dejan hacer su referéndum- los más pacíficos -porque sufren los improperios de la caverna mediática- los más eficientes -porque gestionan mejor sus recursos, pese a lo que supuestamente les roba Madrid- y este tipo de ataques, vamos a decir “españoles”, se supone les confieren unos derechos populares, que pretenden imponer sobre otros colectivos (ciudadanos no separatistas, partidos políticos o asociaciones constitucionalistas, etc.), que son considerados ajenos a la sociedad catalana, y por tanto enemigos de Cataluña. De esta forma se genera un pensamiento colectivo de tipo “proteccionista”, que justifica y ampara en cierta medida comportamientos violentos, como las descalificaciones, los insultos, las amenazas e incluso la agresión física.

Con el paso de los años y las distintas visicitudes políticas, el catalanismo moderado de Cambó y Prat de la Riba, ha ido evolucionando hacia una radicalidad, que poco tiene que ver con sus orígenes. En Cataluña siempre nos ha gustado hablar “clar i catalá” y nuestra circunspección catalana, nos impone llamar a las cosas por su nombre. El “catalanismo” pasó a denominarse durante la transición “nacionalismo”, y en la actualidad con la eclosión del llamado “procés”, se emplea la denominación “separatismo”, pero creo que ha llegado el momento de utilizar la definición de “supremacismo”, porque este término clarificador, además de ajustarse a la realidad, abarca tanto el ámbito político, social y cultural.

En democracia todos somos iguales ante la Ley y ante los poderes públicos. Esta igualdad nos da la libertad, y nadie puede pretender ser superior o supremo con respecto a los demás, por el simple hecho de haber nacido en un determinado sitio, por hablar una lengua determinada, o ser de familia catalana. Esto es el abc del Estado de derecho, pero parece que algunos no tienen asumidos estos conceptos tan básicos, y para colmo nos quieren dar lecciones de democracia.


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