El periodista Juan Soto Ivars ha dedicado un vídeo en su canal de YouTube (‘La televisión pública más plural: sanchistas vs súper sanchistas’) a la actual RTVE, y ha denunciado la toma de este medio de comunicación por activistas revestidos de periodistas que son incondicionales de Pedro Sánchez, en comparación con lo que ha pasado en el Ente Público en otras etapas, como la de José María Aznar. Argumenta que en RTVE siempre ha habido injerencia gubernamental, pero lo que se está viviendo actualmente no tiene parangón.
Soto Ivars ha hecho el ejercicio de coger un diario de 2016 y ha leído la programación de un martes laborable de La 1, y la ha comparado con la actual parrilla. Y su conclusión no puede ser más descorazonadora: prácticamente toda la programación actual de La 1 son programas que incluyen contenidos políticos, y sus conductores y colaboradores son mayoritariamente afines a Pedro Sánchez, «salvo uno, el más tonto de derechas que encuentren, para darle entre todos y dar sensación de una pluralidad que no existe».
Uno de los casos mencionados es el de Silvia Intxaurrondo, conductora de la franja matinal de TVE, quien ha sido objeto de acusaciones de sesgo por parte de la oposición. Javier Ruiz – presentador de Mañaneros 360 – también recibe puyas de Soto Ivars por afrontar los temas informativos con una perspectiva que algunos tachan de próxima al discurso del Gobierno. Sin olvidar a Jesús Cintora, presentador de ‘Malas lenguas’, que también cae en la propaganda sanchista.
Soto Ivars también habla del presentador de ‘La Resistencia’, David Broncano, que ha negado cualquier vínculo con el PSOE, pero que representa sin embargo un tipo de entretenimiento que encaja perfectamente en el proyecto propagandístico: humor blanco con guiños ideológicos disfrazados de ironía, donde el Gobierno nunca es objeto de burla o crítica real. Un tipo de «humor oficial» que funciona como anestesia política.
Marc Giró, que presenta el ‘late night’ de La 1 ha asumido abiertamente un rol militante desde su posición en la televisión pública. Lejos de representar la diversidad, su estilo se ha convertido en una caricatura de la izquierda más dogmática, donde cualquier disidencia ideológica se presenta como retrógrada o directamente censurable. En lugar de abrir espacios de debate, los cierra con sarcasmo y superioridad moral, en línea con el discurso monclovita de que solo existe una forma correcta de pensar.
Lo más preocupante es que esta colonización de RTVE por parte del Gobierno se hace con dinero público, es decir, con el dinero de todos los ciudadanos, también de aquellos que no votan al PSOE ni comulgan con su ideología. En este contexto, la responsabilidad de los presentadores es enorme. Su papel no debería ser el de justificar al poder, sino el de incomodarlo. Soto Ivars acaba denunciando la caradura de José Pablo López, presidente de RTVE, al justificar sin ninguna autocrítica la actuación del Ente Público, y le acusa de «tener unos huevazos que se ven desde el espacio, mediante Google maps».
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