El periodista navarro Florencio Domínguez Iribarren dirige desde hace más tres años el Centro para la Memoria de las Víctimas del Terrorismo, una fundación adscrita a la Administración General del Estado y situada en Vitoria.
Autor de diversos libros y múltiples y documentados artículos, este hombre serio, reservado y ecuánime es un conocedor extraordinario de la realidad del mundo etarra. Quiero destacar aquí un prólogo suyo, el que acaba de hacer a Heridos y olvidados (La Esfera de los libros), un libro de María Jiménez y Javier Marrodán sobre los supervivientes del terrorismo en España, los grandes olvidados.
Las víctimas, dice, no han sufrido solo daños físicos, sino también un grave y continuado acoso. Muchos no pueden pasar página de lo ocurrido, a pesar de que lo intenten. Los afectados no son cifras, ni columnas en un gráfico, sino personas con nombre y apellidos.
Florencio Domínguez sostiene: “la sociedad no es consciente de ese sufrimiento prolongado a lo largo del tiempo porque ha sido un padecimiento que se ha desarrollado en la intimidad de las familias, en la esfera personal o, como mucho, en el ámbito de la atención médica”. Este asunto es capital. No se olvide.
Miquel Escudero
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