Salvador Illa ha iniciado el trámite para seguir siendo el primer secretario del PSC, pidiendo unos avales que conseguirá ante las hordas de pelotas y estómagos agradecidos que se ofrecerán para firmar y así mostrar su adhesión inquebrantable y seguir cobrando sus sueldos estratosféricos pagados por todos los ciudadanos. No tengo ninguna duda que los conseguirá y acabará renovando su cargo.
Va a conseguirlo a pesar que, con su complicidad activa en los desmanes de Pedro Sánchez, y su conversión en compañero de viaje indispensable del separatismo, va a llevar al PSC por la senda de la decadencia electoral. En los últimos días recordemos que los diputados del PSC han apoyado el pacto en el Congreso con Junts sobre las competencias de emigración que consagra la deriva supremacista de la formación de Puigdemont.
Junts, para intentar tapar el boquete que las posturas xenófobas de Silvia Orriols puede abrir en su electorado, ha puesto el debate sobre la relación entre migrantes y delincuencia en el centro de la política catalana. Y el PSC, junto con el PSOE, han facilitado esta deriva supremacista de los de Puigdemont tras el pacto en el Congreso de los Diputados. Este tipo de cuestiones calan dentro del electorado más izquierdista, sobre todo en Cataluña, y no le va a salir gratis al PSC. Los Comunes y ERC, partidos con los que compite electoralmente van a oler sangre y no dudarán en usar este tema.
La cobardía de Salvador Illa a la hora de apoyar la ley de Amnistía que consagra el perdón a los delincuentes que estuvieron – y están – chuleando a los ciudadanos catalanes que no son independentistas también le va a pasar factura. El voto útil que pasó de ERC al PSC en la últimas generales para evitar un Gobierno de centro derecha no se va a repetir en las autonómicas. Y la vía de agua que se ha abierto en el flanco no nacionalista del PSC tras la chulería de Puigdemont no es baladí.
Ya son demasiadas cosas: los indultos, los pactos con ERC y Junts en las Diputaciones y docenas de ayuntamientos, la complicidad de los socialistas en la erradicación del español en la escuela catalana, el pacto con ERC y Junts para escoger a la dirección de TV3, la aprobación de los presupuestos de Aragonès sin que ERC haya cumplido sus acuerdos… La hoja de servicios de Illa a favor de la convivencia real y sin imposiciones entre separatistas y constitucionalistas es nula. Su «agenda del reencuentro» ha consistido en la rendición incondicional del PSC a los intereses del independentismo.
Si no sale un candidato viable dentro del PSC capaz de reprochar a Salvador Illa su cobardía y su capitulación ante el independentismo – cosa que dudamos dada la estructura clientelar de los socialistas – llegará la decadencia electoral. No ganarán las elecciones autonómicas y la única posibilidad de acceder al Gobierno de la Generalitat será como palmeros de ERC o Junts, según dé la suma tras los comicios autonómicos, porque los amos del cortijo secesionista no va a permitir al PSC que detente la presidencia. Sería el paso lógico como ayudas de cámara del separatismo, que es la auténtica naturaleza del PSC desde que Pasqual Maragall pactó con ERC el primer tripartito.
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