Llegados a este punto de decadencia moral, intelectual y educativa, llevar a los niños al colegio se está convirtiendo en una acción arriesgada. Hace relativamente pocos días, unos determinados medios volvieron a recordar el adoctrinamiento que se sufre en las aulas catalanas por medio de un fragmento de un libro de texto de catalán en el que se tenía a los madrileños como extranjeros. Se trataba solamente de un recordatorio que nos avisa dónde estamos y qué sucede en las aulas catalanas.
Aquí, en Cataluña, sufrimos adoctrinamiento continuado en los colegios, da igual que sean públicos como concertados. El adoctrinamiento no ha cesado nunca, de hecho, va en aumento, ya soñaríamos muchos con dejarlo en cotas de hace más de una década. En todos siempre hay ciertas dosis, más o menos, pero hay. Y, además, al adoctrinamiento nacionalista se le ha sumado el feminista, ecologista, sostenible y demás ideología que solamente condiciona la manera de pensar de los niños sin ofrecerles la posibilidad de escoger la libertad.
Entre tanto, la mayoría de padres, como la mayoría de catalanes, acostumbrados al camuflaje para pasar desapercibidos, se preocupan mucho más del nivel de inglés del colegio que del nivel de adoctrinamiento que padecen los niños en las aulas, lo que va en detrimento de la educación en sí, del conocimiento y, lo que es peor, de su propia libertad de pensamiento. En este punto se ha de reconocer que las quejas aquí son de valientes, pues suelen traer repercusiones negativas tanto al niño como a los padres y, por tanto, se sigue con la máxima de “es lo que hay” y ahí se diluyen todas.
El problema, o uno de ellos, sigue siendo el tema de los libros de texto. En todos siempre se cuela alguna afirmación, suposición u omisión tendenciosa. Por ello, se han convertido en una potente arma de construcción nacional, lo que es contraria a la construcción personal, ya sea el libro de Historia, por supuesto, el de catalán, también, o los de lengua castellana de editoriales catalanas en los que siempre hay algún elemento sospechoso. Los libros son escogidos por el profesor, por tanto, esto le convierte en un agente adoctrinador en los colegios, pues siempre está la opción de preparar sus propios apuntes, pero aquí entraría el debate, que dejo para otro momento, de la formación escasa del profesorado actual.
Y, además, nos obligan a los padres a cambiar cada cierto tiempo de libros de texto lo que no es nada “sostenible” para la economía familiar, pareciendo que lo que sucede es que el adoctrinamiento se ha quedado obsoleto y es necesaria su renovación. Pues cuando uno revisa los libros de texto, lo que todo padre debería hacer siempre, va viendo cómo surgen conceptos nuevos que antes no existían como la invención de la corona castellano-aragonesa, todo para no decir España, no vaya a ser que los niños puedan creer que existe esa realidad desde hace siglos y también milenios (con el término Hispania ya lo tienen más complicado, pero algo se inventarán). En los libros de catalán de este año se encuentran frases como que Felipe V persiguió la cultura catalana, que el castellano es solamente la lengua real, de reyes, o que se pretende buscar un Siglo de Oro catalán inexistente.
La obsesión por las supuestas competencias del alumno, en detrimento del conocimiento que escasea en las aulas, junto al adoctrinamiento nacionalista y, actualmente, feminista, ecologista y demás imposiciones ideológicas que ocupan todos los espacios hacen que la educación en España solamente vaya encaminada a la formación de peones a los que no se les ha dado la oportunidad de pensar en libertad porque no se les enseña a cuestionar, reflexionar ni pensar.
Unos peones que deben seguir un camino marcado en esos libros de texto, entre otros muchos espacios, y por unas instituciones que no velan por la formación en libertad. Se está haciendo complicado seguir eso de que los colegios y los padres deben ir de la mano, pues debemos vigilar y estar atentos a lo que leen, escuchan y debaten en las aulas. Nuestra misión se ha convertido en la de desadoctrinar a nuestros hijos del adoctrinamiento recibido en las aulas, puesto que es la manera de que tengan oportunidad de salir de ese camino marcado en que solamente lleva a la ignorancia camuflada en un salvífico nacionalismo. Esta es la triste y desoladora realidad que vivimos en Cataluña desde hace ya muchas décadas y no parece que vaya a mejorar, así que sigamos desadoctrinando…
Vera-Cruz Miranda
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