¡Sí hay para tanto, Sr. Rico!

Escribía en el País a propósito del procés el académico Francisco Rico: “No hay para tanto”. Lo hacía a dos días vista de las elecciones generales del 28 de Abril de 2019 en las que el PSOE de Fernando Sánchez e Iván Redondo enarbolaron el miedo a la ultraderecha.

Advertía lúdico y despreocupado, que los agoreros de la independencia de Cataluña eran simples bucaneros en busca del voto del miedo al desguace de España. Se mofaba desde su atalaya de intelectual sólo comprometido contra las fuerzas españolas de derechas. Ya saben, contra las que cualquiera puede arremeter por defecto, aunque no se hayan atrevido nunca a hacerlo contra las nacionalistas.

Es patético asistir a este toreo de salón de intelectuales con residencia en Cataluña, que se han pasado la vida a resguardo frente al nacionalismo, y ahora que los acontecimientos se ponen feos, banalizan su amenaza para salvar sus silencios, su complicidad, o su equidistancia.

Ampararse en la imposibilidad de que el nacionalismo sea capaz de lograr o siquiera querer la independencia le sirve para desentenderse de los efectos perversos de su búsqueda. Es tan consciente del problema, que nos señala con maestría de cirujano un síntoma de su naturaleza: “la veleidad de reclamar la independencia y plañir como mártires es la razón de ser de los separatistas, les gratifica más que obtenerla, forma la parte esencial de su identidad. Salvo un puñado de metafísicos y silvestres, no creo que la quieran de verdad: lo que quieren es quererla, es el derecho a decidir para no decidir”.

Lo que no dice, es que los efectos de esa búsqueda supuestamente teatral les han permitido y les sigue permitiendo, excluir, perseguir, vaciar Cataluña de la cultura española, y vivir del negocio nacional a costa de los derechos del resto.

Francisco Rico no es un cualquiera, es miembro de la Real Academia Española desde 1987, escritor prolijo, Medalla de Oro al mérito de las bellas artes, especialista en el Quijote etc. Como catedrático de literatura y lengua españolas en la Universidad Autónoma de Barcelona, conoció de primera mano los planes de ingeniería social de Jordi Pujol para eliminar el español de las instituciones, excluirlo como lengua docente, nacionalizar las consciencias o expulsar al Estado de Cataluña. Fue tan consciente de ello, que formó parte de la primera asociación en defensa de la lengua española creada en Cataluña en 1983: Asociación Cultural Miguel de Cervantes (Cervantina).

La banalización del procés y sus consecuencias expuesta en el artículo de el País después de tantos años, en cierta manera explica el silencio de tantos años. Lo explicaré para que no quede impune la impostura.

Los creadores de la primera asociación en defensa del español y en contra de la inmersión la fundaron sin nombres propios. Cada miembro se identificaba con un número. Resulta asombroso, pero el miedo o su fantasma así lo hizo. Eso duró cuatro o cinco años, después se relajó. Pues bien, Francisco Rico, como especialista en Cervantes era socio de la Cervantina, pagaba su cuota, se quejaba en la intimidad de la exclusión del castellano, pero nunca dio la cara. Hasta el punto, que era socio a condición de que no se hiciera público. Sólo lo sabía el presidente de turno. Nadie más lo supo nunca. Me lo confió a finales de los ochenta Manuel Guzmán, y me lo confirmó su sucesor en el cargo, Antonio Tercero a principios de los noventa por la vergüenza que le daba su actitud, y el desamparo en que dejaba a la población castellanohablante un personaje público tan relevante como él. No olviden, que por entonces, defender el derecho a estudiar en castellano se demonizaba con la descalificación de facha y acarreaba la exclusión social.

Él, como tantos otros, pertenece a los equidistantes exquisitos perfectamente enterados de lo que se estaba cociendo en Cataluña (vivía en Sant Cugat. Barcelona), pero fue incapaz de un solo detalle de apoyo a quienes nos oponíamos al nacionalismo obligatorio, ni una sola línea de denuncia contra la exclusión de la lengua española en la escuela o la universidad. Sí lo hizo, sin embargo, Victoria Camps, su mujer, catedrática de Ética en la UAB e intelectual relevante. Llegó incluso a colaborar con la Asociación por la Tolerancia a principio de los noventa, pero a medida que se aceleró el procés en el S.XXI, ha ido diluyendo su compromiso con la Resistencia al nacionalismo hasta formar parte actualmente de los equidistante del diálogo y la seducción de la mano del PSC/PSOE.

Francisco Rico pertenece a ese tipo de equidistantes que nunca admitirían integrarlo. Porque este nivel no incumbe ya a quienes defienden el mal de manera más o menos explícita, sino a quienes no lo combaten o lo combaten de manera tibia, complaciente o equidistante entre víctimas y verdugos. Actitudes tan loables, en principio, como la tolerancia, la comprensión o la empatía se tornan nocivas cuando su objeto es la semilla del mal. Quienes contemporizan con él, quienes lo relativizan o justifican en alguna medida, ayudan a incubar el huevo de la serpiente. O al menos han ayudado a que otros lo incubaran sin trabas. Aunque se comporten como si no fuera con ellos.

Acabo con las palabras que cerraban la denuncia en 2009 de la Ley de Educación de Cataluña (LEC) en el Parlamento de Cataluña:

¿Es que acaso no saben lo que pasa en Cataluña profesores universitarios, intelectuales y escritores, abogados y médicos, maestros, funcionarios de la Generalitat, directores de cine, feministas, sindicatos, curas, sociólogos, encuestadores, etcétera? ¿Acaso los periodistas ignoran lo que se cuece, por qué se cuece y para qué se cuece? Ya no es posible seguir engañándose. Como en la Cataluña franquista de los años cuarenta, aquí hay demasiada gente que es cómplice y su silencio, culpable. Ha llegado la hora de dejar de darnos coartadas. No somos mejores que los catalanes franquistas que callaron, cooperaron y se beneficiaron en los años cuarenta; porque aquí viven, y viven muy bien en este negocio nacional, demasiados catalanes aseados”.

Para que no puedan alegar, que nunca se enteraron.

Antonio Robles


‘Equidistantes exquisitos’ es el último libro de Antonio Robles, un ensayo que constituye, en palabras del economista Félix Ovejero, “un inventario del paisaje humano que allanó el camino a la locura nacionalista”. Cuenta con un prólogo del dramaturgo Albert Boadella. El PVP del libro es de 17 euros. Si desean pagar por tarjeta o paypal pueden hacerlo en este enlace del módulo de pago. Sigan los siguientes pasos: Pongan en el recuadro en blanco ("donaré”) el importe correspondiente al número de ejemplares que deseen (17 euros, si quieren uno; 34 euros, si quieren dos, y así sucesivamente). Pongan solo el número, no pongan la palabra “euros”. Sin añadir nada más hagan clic en el botón "donar". A continuación, le saldrá otra pantalla en la que le pedirán datos y pongan en el recuadro "información adicional" la siguiente información: "Libro Robles" y su dirección, código postal y un correo electrónico válido. Ha de escoger si quiere pagar por tarjeta de crédito o por paypal. Y luego dele a "realizar el pedido". Otra forma de adquirir el libro es escribiendo un correo a edicioneshildy@gmail.com y se les informará de otras formas de pago. El libro tardará unos 15 días, debido a la reducción del servicio de Correos. Si tienen dudas escriban al correo antes indicado.

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