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El Catalán Opinión

Severo, el Bueno

Por Gonzalo de Oro-Pulido
miércoles, 16 de septiembre de 2020
en Opinión
5 mins read
 

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El pasado domingo nos dejó Severo Bueno de Sitjar de Togores, jefe de la abogacía del Estado en Cataluña y una de las personas que más ha conseguido por la libertad de los catalanes en toda la democracia. Severo padecía ELA, una cruel enfermedad degenerativa que le detectaron hace apenas unos meses y que en principio debía haberle dejado seguir entre nosotros al menos unos años. No fue así y sorpresivamente Dios se lo llevó el pasado domingo 13 de septiembre con 53 años, mucho antes de lo previsto, posiblemente para evitarle a él y a su preciosa familia los duros momentos de sufrimiento que venían en estos próximos años.

Pero ¿quién era Severo Bueno? Severo era un hombre de otra época, un caballero medieval, un SEÑOR en mayúsculas, un luchador incansable, un idealista casi romántico que creía firmemente en la ley y en la justicia. Al contrario de lo que creen muchos de los paletos ignorantes que el domingo se alegraban de su pérdida, Severo era barcelonés y su familia materna es ni más ni menos que de la comarca de Osona, territorio comanche.

Severo fue un hombre que nos demostró a muchos que trabajando duro, sin hacer ruido y con firmeza, se podía conseguir aquello que todos creíamos imposible. Era un hombre cultivado que no creía en el monolingüismo provinciano ni en la imposición de las lenguas en contra de la voluntad de las familias, un hombre abierto que creía en la libertad y los derechos individuales. Un héroe que se atrevió a cuestionar algo intocable hasta entonces, la “inmersión lingüística”.

Severo fue un David que se enfrentó a un Goliat enorme y poderoso, la Generalitat, que además de contar con todo el poder, el dinero y un aparato de intoxicación y propaganda perfectamente diseñados, contaba también con la connivencia sistemática del Gobierno de España gobernara quien gobernara, lo que permitía de facto que Cataluña fuera un país casi independiente dentro de otro país. Hasta la victoria judicial de Severo el único rastro de España en muchos pueblos de Cataluña era la oficina de Correos.

Pero Severo se hartó de ver como en Cataluña se pisoteaban por costumbre los derechos más elementales que recoge la Constitución y ante el abandono de los dos grandes partidos nacionales existentes en esa época, decidió emprender su lucha contra el “establishment” y lo hizo con solo dos armas, la Constitución española y su coraje. Y por qué no decirlo, con el apoyo incondicional de algunos amigos suyos que estuvimos a su lado desde el primer día, como la profesora de Derecho Civil Chantal Moll, nuestro amigo Manuel y un servidor, que intentamos ayudarle, cada uno a su manera, y acompañarle en ese largo proceso judicial que más tarde contó con el apoyo de muchas personas y varias e importantes plataformas cívicas.

Severo fue quien consiguió algo tan lógico como que en España los niños puedan aprender español y que hoy en día en Cataluña (hasta hoy parte de España), se tengan que dar un mínimo del 25% de las clases en el segundo idioma más influyente del mundo. Quizás parezca poco, pero se trata de una victoria sin paliativos de un padre de familia contra todo un monstruo que lo controlaba todo. Puedo afirmar sin temor a equivocarme que Severo Bueno ha hecho más por los derechos y libertades de los catalanes que todos los gobernantes nacionales y autonómicos juntos en 42 años de Constitución.

Era un hombre afable y querido, incapaz de odiar ni a sus adversarios a los que respetaba e intentaba entender. Lo único que odiaba realmente era la injusticia y el queso (lo del queso era casi obsesivo). Tenía muchos amigos y yo tuve el enorme privilegio de ser uno de ellos. Detrás de esa apariencia de hombre serio había un ser humano excepcional que reunía muchas de las virtudes que todo hombre quisiera tener: inteligencia, honestidad, valentía, integridad, tesón, ecuanimidad, ingenio, tenacidad, sosiego, sentido común, paciencia, sagacidad, lealtad, cordialidad y educación.

Era un hombre justo, conciliador y empático que nunca opinaba sin escuchar antes todas las versiones, de esas personas que cuando hablaba te callabas porque sabías que iba a decir algo interesante. Severo era un trabajador incansable que falleció en la madrugada del sábado al domingo pero que siguió trabajando apenas sin aliento hasta el mismo viernes a pesar del grave deterioro físico que sufría, mucho más veloz y virulento de lo normal y que ya le impedía hasta respirar.

Severo era un hombre extremadamente humilde que nos demostró como con la cabeza bien amueblada hay tiempo para trabajar, triunfar, divertirse, cuidar de los hijos, de su esposa y de la madre, y a la vez de hacer deporte, estudiar y dedicar tiempo para los amigos. Contaba con una cabeza privilegiada y con un sosiego único. Le veías andando por la calle siempre con su portafolios y un paso normal, jamás con prisa ni con la lengua fuera y a pesar de ello llegaba a todo, quizás su secreto era no perdonar esa siesta de quince minutos.

Era un hombre familiar, un padrazo, un esposo y un hijo ejemplar. Perdió a su padre prematuramente y cuidó a su madre, que aún vive, hasta el último día. Durante años y hasta que la enfermedad le impidió hacerlo, la iba a ver todos los días sin excepción, él la despertaba y después por la noche volvía y la acostaba, así cada día de lunes a domingo. Y todo eso con cuatro hijos que por supuesto jamás dejó desatendidos.

Como no podía ser de otra manera en una persona tan pragmática como él, afrontó su enfermedad con deportividad y resignación, y con unas enormes ganas de vivir y de disfrutar mientras pudiera. Hace poco me decía que como buen aficionado del Atleti, se tomaba esto como Simeone, partido a partido, día a día, consciente de que el día siguiente iba a ser peor que el anterior, así que no quería pensar a largo plazo porque era absurdo.

Severo deja una familia preciosa y unida, cuatro hijos excepcionales y una esposa maravillosa que al igual que él, es un ejemplo a seguir en todo y a quien desde aquí le reitero el cariño y apoyo incondicional de todos los que les queremos, que somos muchísimos.

A los demás nos deja un legado importante, una hoja de ruta a seguir y un ejemplo de actitud que hace que muchos tengamos más ganas que nunca de seguir luchando por la libertad, por los derechos de las personas, por la justicia y por la convivencia en un lugar tan singular donde para poder educar a tu hijo en tu idioma que además es el idioma oficial y el más hablado, tengas que necesitar hombres como él.

Con Severo no solo se va un amigo, también se va un baluarte, un referente, un héroe silencioso. Un hombre incorruptible, brillante, centrado, modesto y discreto. Sin duda alguna, la persona más íntegra que he conocido. Me quedo con su carcajada súbita y casi atronadora que contagiaba. Con Severo se va ante todo un hombre bueno, de esos que no abundan y cuya impronta quedará para los restos en nuestros corazones. Como dijo mi hijo mayor el domingo al enterarse de su fallecimiento, le veremos en el cielo.

Hasta entonces Severo y gracias por todo.

Gonzalo de Oro-Pulido


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TV3, el tamborilero del Bruc del procés

Sergio Fidalgo relata en el libro 'TV3, el tamborilero del Bruc del procés' como a los sones del 'tambor' de la tele de la Generalitat muchos catalanes hacen piña alrededor de los líderes separatistas y compran todo su argumentario. Jordi Cañas, Regina Farré, Joan Ferran, Teresa Freixes, Joan López Alegre, Ferran Monegal, Julia Moreno, David Pérez, Xavier Rius y Daniel Sirera dan su visión sobre un medio que debería ser un servicio público, pero que se ha convertido en una herramienta de propaganda que ignora a más de la mitad de Cataluña. En este enlace de Amazon pueden comprar el libro.

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Etiquetas: Gonzalo de Oro-Pulido
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