Roger Torrent, el presidente de la cámara autonómica catalana, ha comunicado que si el covid-19 lo permite, y tras no presentarse ningún candidato a la investidura, que las elecciones al Parlament serán el 14 de febrero.
¿Quién se acuerda, en este momento, de Quim Torra, el ‘president’ más impresentable de los que han pasado por el Palau? Ha pasado antes de lo esperado a la papelera de la historia, y casi nadie lo echa de menos.
Su inhabilitación no fue nada heroica, ya que fue patética, más propia de una ópera bufa que de un relato épico.
A Torra le han cesado del cargo por poner una pancarta patética que, además, acabó retirando. Pero se puso chulo, reconoció que había desobedecido, y si el reo reconoce el delito, poco más se ha de decir. Triste balance el de Torra: quiso jugar el héroe del separatismo catalán, y ni tuvo narices de mandar liberar a los que llama “presos políticos”, ni arrió la bandera de España del Palacio de la Generalidad, ni ha proclamado la independencia de Cataluña en la Plaza de San Jaime y ha dejado el cargo ante la indiferencia generalizada de la población catalana.
Ha gritado mucho y ha ofendido más. Pero, a la hora de la verdad, Torra ha pasado a la nómina de grandes cobardes del secesionismo catalán.
El 14 de febrero se escribirá la última página de la vida política de Torra y los catalanes elegiremos a su sucesor. Y hemos de conseguir que sea un ‘president’ constitucionalista y que acabe de una vez con la pesadilla del ‘procés’.
Comentario editorial de elCatalán.es
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