Parece comprensible el cabreo del presidente Trump, así como el que pueden tener los socios de la OTAN y nuestros compañeros de viaje de la Unión Europea, viendo el comportamiento poco fiable, errático e interesadamente planificado de nuestros gobernantes, en este momento crucial en el que el clima social está muy revuelto y los frentes bélicos se extienden al ritmo que marca el líder estadounidense en su frenesí corrector de las irregularidades mundiales.
La queja de la Casa Blanca en contra del maligno liderazgo de Sánchez y sus políticas extremistas es entendible. La estrategia de nuestro presidente, buscando contentar a sus bases y obtener réditos electorales, al dar una pretendida imagen de adalid de la paz, no parece tener en cuenta la afectación que genera en la Marca España.
Las numerosas imágenes del mando supremo del sanchismo, con los líderes que ahora se tambalean o ya han sido finiquitados, nos deja en una posición incómoda al mostrar una evidente aproximación a esas grandes democracias que han sido referentes de la libertad, como son los regímenes de Venezuela, Irán, Cuba o China. La percepción mundial, que trasciende de dicho alineamiento, es consecuencia del escoramiento de un PSOE que sobrevive dominado por sus aliados de la extremaizquierda y los tacticistas del separatismo chupóptero.
Con Sánchez dando una de cal y otra de arena, al compás del interés mediático y la repercusión electoralista, las críticas que recibe por parte de Trump son lógicas. Pero, de ningún modo es aceptable que esa inquina, que compartimos la gran mayoría de los españoles, se traslade a la imagen de un país que siente orgullo por su nación, por España, a la vez que aborrece al personaje que lidera nuestro Gobierno fanático y extremista.
Los españoles siempre estamos en contra de la violencia, de las guerras y de sus consecuencias, pero también nos avergonzamos de quienes dejan la imagen de nuestro país por los suelos. El farsante Sánchez, un personaje capaz de envolverse en la bandera de España en su último mitin previo a las elecciones en Castilla León tras todo lo que ha hecho en contra de la nación española, como principal valedor de las posturas rupturistas de los que aborrecen nuestro país y lo quieren romper, da mucha pena, pero que mucha pena. Una demostración más de su falta de escrúpulos al utilizar nuestros símbolos patrios para engañar a los electores.
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