Con la consternación acumulada tras el nuevo desastre de nuestra red ferroviaria, que ya ha sumado más de un centenar largo de víctimas en este 2026 y que deja la imagen de nuestra red de alta velocidad en mínimos, toca manifestarse sin complejos y con pleno convencimiento de que nos jugamos en las próximas elecciones el futuro de España y su inclusión en lo que conocemos como el primer mundo.
Hartos de ver cómo se malgasta y calla a la sociedad a base de irreales promesas de millones de euros, en un recurrente mensaje que siempre está en boca del que solo sabe mitigar su descalabro a base de ilusiones que nunca fructifican, como sabemos sobradamente con el pasotismo en su tema clave de la vivienda, le toca a la ciudadanía poner punto y final a esta etapa. Tenemos la oportunidad de que los impresentables del sanchismo, cómplices de todas las desgracias que acumulamos, salgan del poder y evitemos que el futuro de España se vea definitivamente dinamitado.
En un contexto de máximos recaudatorios se han dedicado a repartir millones de euros a los que nunca han contribuido ni aportado, mientras que los que hemos nacido, vivido y costeado el Sistema quedamos despreciados y en segundo plano. Esto lo vives en primera persona cuando, ante la necesidad de ayuda por dependencia en favor de unos padres octogenarios que han trabajado y contribuido toda su vida, ves como su situación no es prioritaria y, por ejemplo, te dan plaza para tu madre en un centro con una lista de espera de unos muy largos cuatro años.
No podemos dejar nuestro futuro y porvenir en manos de políticos incapaces de hacer presupuestos y distribuir los fondos para la mejora de las condiciones de los contribuyentes. Pagamos, con accidentes como el de ayer, el coste por no usar nuestros recursos oportunamente para, por ejemplo, el mantenimiento oportuno de nuestras infraestructuras o, como hemos visto en la humillación de Ceuta, no responder apropiadamente para la defensa de la integridad de la nación española.
Los impresentables que financian cloacas, mafias y que tienen como referente a un ladrón al Estado con la caja de caudales llena de joyas de dudosa procedencia, no pueden tener ninguna posibilidad para gobernar. Tenemos la llave para evitarlo. Le pido al PSOE que su lema de “la fuerza del amor” lo renueve por el más coherente: “la desgracia del dolor”.
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