Uno había oído hablar de un ron filipino llamado «Don Papa», pero ni lo había probado, ni tenía mucha más información. De hecho las palabras «ron» y «filipino» me parecían como contrapuestas, dado que me quedé en el tópico del ron caribeño o las versiones made in Spain que te colocan como «ron nacional». En España nos queda mucho por aprender de los licores allende los mares… O al menos a mí me queda por hacerlo.
Pero tras aparecer por un evento organizado por dicha marca, en el que pude probar dicho ron en cócteles muy variados que oscilaban entre el más amargo que recordaba a un negroni (‘Rumgroni fumat’) al dulce ‘7 pum’, me rendí a sus encantos y descubrí que en Filipinas saben lo que se hacen, y lo que beben. Uno, como Santo Tomás, se cree lo que toca, en este caso lo que prueba, y el ensayo fue fructífero.
Durante la velada, que tuvo lugar en el barrio barcelonés de Poblenou, hubo bailarines evocando danzas de la isla filipina conocida como ‘Sugarlandia’, que es la casa espiritual’ de esta marca de ron, pero la estrella, además de los cócteles que marinaban la comida, fueron los platos que fueron sirviendo, todos ellos con el toque de este ron.

Todos los platos fueron muy sabrosos, aunque mis favoritos fueron el ‘Kinilaw de pescado blanco y camarones’, una especie de ceviche a la filipina espectacular y el ‘Ukoy’, un buñuelo de camarón y verduras. Tras un postre a base de flan de dulce de leche condensada y una actuación de un ilusionista muy profesional y con un gran sentido del humor, llegó el fin de una jornada inolvidable. Como también es una jornada inolvidable una boda, y para que sea redonda las fotografías son muy importantes.
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