En las elecciones autonómicas catalanas celebradas el 21 de diciembre de 2017, en plena aplicación del artículo 155 que intervino la Generalitat por parte del Gobierno central, hubo unos cuantos centenares de independentistas que, en una mezcla de frikismo y apoyo firme a su causa, quisieron solidarizarse con los dirigentes separatistas que entonces estaban en prisión preventiva tras el golpe de Estado del 1 de octubre.
Recordemos que en aquellos meses Cataluña se convirtió en un inmenso parque temático secesionista teñido de amarillo, promovido por la misma Generalitat y el resto de instituciones controladas por los partidos independentistas. No les importó ocupar el espacio público que es de todos, no solo de los separatistas.
Algunos lo hicieron de una manera muy curiosa: fueron a los colegios electorales caracterizados con todo tipo de ropajes de color amarillo, para mostrar su apoyo a Oriol Junqueras y al resto de políticos golpistas en prisión. Los disfraces estrella fueron el de plátano y el del popular personaje de manga Pikachu.
Pero por mucho que muchos hicieran el ridículo, no hemos de olvidar que estaban dando apoyo a un golpe de Estado contra nuestros derechos democráticos. No lo olvidemos en esta época en el PSC nos vende que ya no hay «procés», mientras sigue alimentando con dinero público la maquinaria de rencor del separatismo.
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