Reflexiones en torno a la Constitución del 78 y el independentismo

Son muchos los que preguntan la postura de Somatemps respecto a la Constitución de 1978. En vistas a un acto sedicioso de una autonomía del Estado español, toda respuesta poco reposada y matizada puede dar lugar a malos entendidos, o manipulaciones de nuestro pensar. Ya en su momento, Somatemps elaboró un Documento completo sobre su postura sobre la Constitución del 78. Puede hallarse en este blog.

De forma muy sintética, señalaremos las reflexiones que deben tenerse en cuenta, según nuestro parecer, ante las objeciones que algunos nos plantean respecto a nuestra postura ante la Constitución del 78. Advertimos que Somatemps no es un partido político y por lo tanto sólo hacemos reflexiones de fondo y desde una perspectiva histórica y no cortoplacista ni tacticista, propia de los Partidos Políticos. Y esta es una de nuestras virtudes, no tenemos atadas las manos por instancias superiores a nuestra propia organización. Nosotros ofrecemos reflexiones a las que libremente uno puede acogerse y debatir si quiere.

Ahí van nuestras reflexiones, respecto a las dudas de algunos:

1.-Cuando el combate contra el nacionalismo se centra únicamente en la defensa del articulado constitucionalista, y todo el futuro de una nación queda en manos de sentencias de un Tribunal Constitucional, significa que hemos perdido la batalla cultural, social e incluso política ante el nacionalismo. El Estado, apoyado en el fundamento legal de la actual Constitución, tiene una “legitimidad” de facto para sus acciones, y alcanzar una victoria legal; pero ello no significa que el nacionalismo haya sido derrotado. Simplemente que se ha demostrado que el Estado es más fuerte, pero nunca lo considerarán moralmente superior a sus tesis.

Por eso, nuestra apuesta es por un combate a largo plazo e intergeneracional, cultural, interpersonal. Hay que convencer, no vencer. A lo largo de una generación se verán muchos cambios en las estructuras legales de la nación española, incluso contra la propia nación. Y sólo se podrán soportar estas transformaciones legales si hay una verdadera sociedad que no siga a ciegas las leyes. Las leyes han de tener un fundamento más profundo (que la mera legalidad procedimental de su promulgación) y eso es lo que sostenemos.

2.-Llegados a la situación que hemos llegado, guste o no, se esté de acuerdo o no, hay un marco jurídico que de momento permite poner cortapisas legales al separatismo. Derrocar por las buenas este marco jurídico generaría un mal mayor que el que se pretende evitar. Esta es la llamada doctrina del “poder constituido” que debe respetarse, incluso si uno no está de acuerdo en su globalidad, en aquellos casos cuya aplicación proteja un bien mayor. Pero ello no hace por sí mismo que la norma sea ideal y perfecta y que deba acatarse perpetuamente.

Para nosotros, es inevitable que la Constitución del 78 sea replanteada y discutida. Pero parece que esta es una prerrogativa que sólo se atribuye la izquierda y para cambiarla a favor del independentismo o de su modelo social exclusivista. Por eso vemos absurdos que muchos que se llaman constitucionalistas, son los primeros que pidan constantemente que se reforme la Constitución pero a favor de su modelo de ingeniería social. En cambio, si otros solicitamos cambios en otro sentidos, somos objetos de los ataques y apelativos más denigrantes. A modo de ejemplo, uno de locaso más graves son las presiones para cambiar la estructura territorial del Estado español a una forma federal. Sorprende como nos acusan de anticonstitucionalistas, los primeros que están dispuestos a aplaudir una nueva Constitución que dote al Estado de una forma federal y/o republicana.

3.-Ninguna Constitución es una realidad inamovible y un muro de contención invencible ante ataques externos o internos. La propia Constitución tiene sus mecanismos de reforma y si apuramos de autodestrucción. Y ello podría llevar a la paradoja de que los que defienden una Constitución que actualmente garantiza la unidad territorial, puedan ser testigos de cómo de forma legal y “constitucional” la Constitución se transforma en una Constitución “separatista” siguiendo los cauces legales que proporciona la propia Constitución. Por tanto, podemos caer en el absurdo que tras una reforma constitucional, los constitucionalistas tuvieran que defender una constitución que pusiera en peligro el actual marco de convivencia.

Este dilema, que podría surgir en cualquier momento, sólo tiene una solución. La Constitución es un medio, nunca un fin. Pues lo que “Constituye” una Patria no es una Constitución. Desde 1812 hemos pasado por 13 procesos constituyentes. Si aceptamos que la Constitución es un fin en sí mismos es que hemos tenido 13 naciones diferentes en dos siglos. Algo a todas luces absurdo. De ahí que Somatemps le preocupe reflexionar más en lo que es nuestra Patria común que no en mecanismos legales temporales.

4.-La duración y pervivencia de la Constitución del 78 no se debe meramente a los méritos del articulado y su elaboración (que apenas duró tres meses), sino de muchos pactos tácitos derivados de tacticismos políticos que iban generando una jurisprudencia constitucional muchas veces contradictorias. De ahí que ahora se esté produciendo un colapso institucional derivado de ciertas interpretaciones de la Constitución. Y todo ello fruto de la muerte de esos pactos, el debilitamiento del bipartidismo y la emergencia de fuerzas radicales que ponen en duda la legitimidad del sistema legal. Creemos, desde Somatemps, que cuando pase este primer embate del nacionalismo catalán, las fuerzas políticas deben reflexionar sobre la Constitución y los imprescindibles cambios para, o bien no llegar a un colapso administrativo; o bien el desmorone del marco jurídico que puede advenir fácilmente; como ya pasó en varias constituciones españolas, derivando en crisis profundísimas e incluso guerras civiles.

No podemos olvidar que la palabra “nacionalisdades” es reconocida en el actual texto constitucional; que los pactos tácitos llevaron a que las transferencias autonómicas se hicieran de forma pactada pero no por procedimiento del articulado de la constitución. Hasta que ese pacto tácito fue aniquilado por los nacionalistas que decidieron que las transferencias se conseguirían a la sombra constitucional del art. 148.2. que reza literalmente: “Transcurridos cinco años, y mediante la reforma de sus Estatutos, las Comunidades Autónomas podrán ampliar sucesivamente sus competencias dentro del marco establecido en el artículo 149”. Ello impidió que el Estado pudiera regular la política de transferencias. Y ahora todo son lamentaciones. Pero todo el proceso fue “perfectamente” constitucional y nos ha puesto –por deslealtades- al borde del abismo. Podríamos hacer un exhaustivo repaso de las contradicciones que residen dentro del seno de la Constitución, como los diferentes accesos a la constitución de una autonomía por el artículo 151 o por el 143. La lógica de la diferenciación (los llamados “hechos diferenciales”, que estaba implícita en el art. 2 de la Constitución, y que se convirtió en parte del nomenclátor político de la Transición. En fin, la descripción sería interminable.

EN RESUMEN:

La asociación Somatemps, deja al ámbito de las fuerzas políticas y las opiniones personales, los juicios sobre la Constitución. En cuanto entidad, ha realizado un análisis y lo ha plasmado en sus documentos. La intención de estos documentos es abrir un debate sobre la propia Constitución, una vez pase el primer tsunami separatista. Nos negamos a enarbolar la bandera de una tabula rasa legal, propia de los procesos revolucionarios, por ello aceptamos que vivimos en un marco jurídico determinado; nos negamos que aquellos que en su fuero interno son los primeros que les encantaría reformar la Constitución para que el consenso del 78 entre la derecha y la izquierda se decantara hacia la izquierda, sean los que nos acusen de anticonsitucionalistas; Nos negamos que la reforma de la constitución, por tanto, sólo tenga una lectura unidireccional (que acabaría disolviendo España) y que los que la defienden nos acusen de “anticonstitucionalistas”; nos negamos a creer que las normas sean inamovible. En todo caso son los principios los que permanecen. Y lo que constituyen las Patrias son sus tradiciones jurídicas, históricas, morales, culturales y otras idiosincrasias. En todo caso son las Constituciones las que deben recoger estos principios, para ser verdaderas y perdurables constituciones; recordamos que Estados como el de Israel no tienen Constitución y no por ello dejan de ser reconocidos como países democráticos, pues su idiosincrasia queda recogida en su jurisprudencia y leyes, como en su día lo hacían los códigos civiles medievales.

En definitiva. Ser crítico con la Constitución es un deber de cualquier ciudadano, pues tenemos el derecho y el deber de luchar por mejorar el marco jurídico bajo el que vivimos. Aunque ahora somos conscientes que este debate no puede abrirse de golpe pues daría munición a los que odian España, a la larga será inevitable. Por último, la experiencia nos señala que los más entusiastas de ciertos postureos ideológicos, son los que con más facilidad cambian sin ruborizarse, y acaban renegando de lo que antes veneraban. Ejemplo de ellos es como una buena parte de la derecha constitucional Alfonsina, acabó aceptando –e incluso aplaudiendo- la llegada de la II República y votaron su Constitución. Al igual que muchos liberales republicanos de la restauración de 1876, se adaptaron a una Constitución monárquica y en ella sobrevivieron y compartieron el poder con los liberales conservadores.

De ello se desprende, y acabamos, que el “purismo” constitucionalista con el que muchos actualmente defienden la constitución, puede acabar en renegar de la misma, en cuanto cambiaran las tornas o equibrios políticos. Y en esto la historia es magnífica maestra y nos ofrece cientos de ejemplos. Solo pedimos que quien nos acuse de “anticonstitucinalistas”, haga realmente un esfuerzo de autorreflexión y se pregunte en qué fundamenta su constitucionalismo. Nosotros al menos lo hemos hecho con toda claridad, abiertamente, sin tapujos ni engaños y simplemente expresamos nuestras reflexiones. Y por ello, en ese sentido, somos mucho más “demócratas” de los siempre autopretendidos dialogantes y tolerantes, que invariablemente se han negado a sentarse en una mesa a debatir sana e inteligentemente los grandes males que nos acechan y sus raíces. Porque en los efectos de los males estaremos de acuerdo, pero de nada sirve si nos buscamos las raíces de los mismos.

Javier Barraycoa es miembro de la Junta Directiva de Somatamps

no recibe subvenciones de la Generalitat de Catalunya ni de otros organismos públicos.
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