Reeditar el tripartito, no, gracias

La estrategia de diálogo qué lanzó Soraya Sáenz de Santamaría desde el Gobierno de Rajoy tenía a ERC como elemento clave para desmontar el frente independentista. La de Pedro Sánchez, igual. En realidad, la precipitada convocatoria de elecciones después de la imposición del 155 parece ser que pretendía facilitar el sorpasso de ERC al PDECAT. Estrategia que fallo con la huida de Puigdemont, cosa que este supo manejar para convertirse en el centro de toda la política catalana.

Es evidente que la oligarquía española y la catalana están muy interesadas en reeditar un tripartito. La visita del presidente de la CEOE a Junqueras en la cárcel lo confirma. También la de José María Álvarez, secretario general de la UGT, siempre muy… muy cercano a las tesis nacionalistas.

Fue el tripartito dirigido por Pasqual Maragall el que abrió el camino para que nos encontremos dónde estamos. Quiso ser más papista que el Papa, más nacionalista que los nacionalistas y, cuando nadie revindicaba un nuevo estatuto, él se lo sacó de la chistera y se tragó sus palabras sobre la corrupción convergente del 3% para poder pasar a la historia, a la historia torcida de Cataluña. Viendo donde está hoy su hermano, se confirma la ocupación del nacionalismo trasversal de todos los partidos en Cataluña. En una cena, hace muchos años, del colectivo Mogambo, donde el invitado era Ernest Maragall ya me quedó claro que lo importante para él era el poder, no su ideología socialista, si es que la hubo, que no la hay.

También recuerdo una comida con los intelectuales del Foro Babel en un restaurante, ya desaparecido, de la calle Viladomat, donde la euforia por la próxima llegada de Maragall a la Generalitat les hacia albergar esperanzas de superación del proceso nacionalista; la realidad frustró toda esperanza.

Aquel tripartito lo gobernaba el PSC; el que nos puede venir lo gobernará ERC. Si en aquellos años ya apunté mis reservas, las que ahora tengo, ante un tripartito con Junqueras al frente, un PSC jibarizado y un Cat-Comú Podem más soberanista que nunca, se multiplican y auguran tiempos de matraca reclamando un referéndum de autodeterminación. Con Maragall, el Estatut que nadie pedía, y, con Junqueras, el referéndum que la mayoría no quiere.

Elecciones en Cataluña antes de mayo

Si la estrategia Santamaría/Sánchez da su fruto, manteniendo la fricción entre el independentismo, todo hace preveer que a principios de año tendremos elecciones autonómicas en Cataluña.

Por otro lado, el adelanto de dichas elecciones tendrá otro importante componente: desarmar la candidatura de Valls al Ayuntamiento de Barcelona que hace peligrar, no ya la alcaldía de Colau, la hegemonía del secesionismo en la capital de Cataluña, ¡no es moco de pavo! (recomendable el artículo de Pascual Esbrí en este mismo número). Y Tabarnia a la vuelta de la esquina…

Las elecciones en España son una herramienta más al servicio del poder y se adelantan o no en función de intereses espurios del partido gobernante o de la oligarquía correspondiente. Se ha visto recientemente en Andalucía y se verá en breve en Cataluña. A ninguno de los partidos gobernantes, o de los que aspiran a gobernar, bien sea en el ámbito autonómico o en el general, les interesa cambiar un sistema electoral tan útil a sus intereses. Sus propuestas de reforma las hacen con la boca pequeña y son simples retoques que nada cambian.

La mayoría no nacionalista y su imposible gobernabilidad

Lo cierto es que la sociedad catalana está tan tensionada que es improbable que los resultados varíen mucho respecto a los del 21D de 2017. Mientras el sistema electoral infravalore los votos de los ciudadanos de Barcelona (provincia) no habrá cambios y volveremos a vivir el día de la marmota, muy a mi pesar. Será, de nuevo, la repetición de unas elecciones que no sirvieron para resolver nada, tal vez empeorarlo. No habrá cambiado mucho respecto a las opciones que se presentaban aquel día. Ciertamente, la participación subió hasta el, tan cacareado, 80%.

El 40,50% del censo no es nacionalista (en votos, más del 52%) y el 38,77% independentistas (menos del 48% en votos). A pesar del empecinamiento de amigos socialistas que argumentan que el eje izquierda/derecha no es determinante en Cataluña y que la polarización se da entre nacionalismo versus constitucionalismo, lo cierto es que ambos subsisten y se entrecruzan. Para mí, la confrontación principal es la confrontación de clases que deriva en la confrontación izquierda/derecha. El nacionalismo crea una polarización que sirve a sus intereses que no son otros que los de las clases dominantes. Solo desde esa perspectiva entiendo posible el análisis del procés o, mejor, del nacionalismo.

Así, pues, si en la calle lo más visible y mediático es la dualidad nacionalismo/constitucionalismo, lo cierto es que hoy es imposible que se dé el pacto de los constitucionalistas marcados internamente por diferencias ideológicas. Y eso es así debido al sistema de partidos existente en Cataluña, y también en el resto de España. Una cosa son los votantes y otra las direcciones de los partidos. Seguramente, los votantes de los partidos constitucionalistas estarían de acuerdo en superar las diferencias ideológicas en aras de acabar con el procés, a modo de gobierno por la democracia. La realidad es endiabladamente compleja y más con el sistema electoral actual.

Veamos. Si sumamos los diputados de PP, C’s y PSC suman 57, exactamente los mismos que suman el ansiado tripartito: ERC, PSC y CatCP. Aún sumando a los de CatCP a los constitucionalistas para hacer un frente no nacionalista se quedarían en 65. En todo caso, no son suficientes para la formación de un gobierno tripartito o no nacionalista, salvo que persistiera la no sustitución de los diputados suspendidos. Cosa esta última que quedará resuelta con nuevas elecciones.

Lo que no quedará resuelto es la ingobernabilidad desde posiciones no nacionalistas por dos causas:

La primera ya la apuntaba, la falta de voluntad de las direcciones de los partidos marcados por la ideología. A este problema hay que añadir otro, si cabe más importante, la inexistencia institucional (con diputados) de una izquierda no nacionalista y que ya he comentado en otros artículos. La actual izquierda esta prisionera de una hispanofobia resultado de una mala digestión del antifranquismo y la Transición.

La segunda, el desamparo del Estado ante esta situación. Y no hablo tan solo de la estrategia de diálogo Santamaría/Sánchez, no. Me refiero a la nula voluntad política para poner las bases legales de ese cambio: La reforma electoral con la circunscripción única como principio rector. En Cataluña no hay ley electoral, ya les va bien la española. Se podía haber cambiado la distribución de escaños por provincias en las elecciones del 21D de 2017, pero el miedo escénico era evidente, las prisas…. También se podía haber hecho una reforma de la LOREG, entre el tiempo transcurrido entre las generales de 2015 y 2016.

Estamos en 2018 y llegaremos a las elecciones generales anticipadas o en su tiempo en 2020 y nada se habrá hecho… Todos aspiran a beneficiarse de la ley actual… En el acuerdo presupuestario de Sánchez e Iglesias se reduce a lo que indica el punto 11.2

“Modificación de la Ley Electoral.

Se impulsará la reforma de la Ley Electoral con el objetivo de acabar con las trabas del voto rogado de las españolas y españoles en el exterior, y se establecerán listas cremallera. Además, se acuerda realizar un mailing electoral único.

Igualmente, se trabajará para conseguir un amplio consenso que permita modificar la fórmula electoral para mejorar la proporcionalidad del sistema.”

Esta bien lo de acabar con el voto rogado y el mailing electoral único siempre que incluya a todas las candidaturas. Veo más problemático y poco creíble el segundo párrafo que no deja de ser una cantinela que, de repetida, nadie se cree. Solo hay que ver que ningún periódico la destaca.

“Malos tiempos para la lírica” cantaba Golpes Bajos; malos tiempos para la Política, con mayúsculas, en esta España que nos duele, tanto como a Unamuno o a Jaime Gil de Biedma:

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Apología y petición. 1961

En Nou Barris, Barcelona.

Vicente Serrano. Presidente de Alternativa Ciudadana Progresista y miembro del Grupo Promotor de IZQUIERDA EN POSITIVO

Autor del ensayo EL VALOR rEAL DEL VOTO. Editorial El Viejo Topo. 2016


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