El independentismo más ultra ha vuelto a las calles este jueves, si bien es cierto que lo han hecho para cosechar un nuevo pinchazo. Por piernas ha tenido que salir Oriol Junqueras, el líder de Esquerra que ha recibido una lluvia de insultos y al que radicales separatistas le han deseado verlo de nuevo en prisión.
El presidente de la Generalitat se ha pasado a saludar a los invitados, que ese ha sido su papel concreto en la cumbre entre los líderes de España y Francia, pero no ha desperdiciado la ocasión de demostrar que no es el presidente de todos los catalanes, ha dejado claro que no representa a la mayoría de catalanes que no son independentistas.
Pere Aragonès ha huido del acto en cuanto ha saludado a Sánchez y Macron, y todo para evitar tener que escuchar el himno de España. Un claro gesto de mala educación y de falta de respeto a los símbolos nacionales. En otro punto de Cataluña, más concretamente en la AP-7 a la altura de Cardedeu un grupo de ultras separatistas han cortado la autopista.
Encapuchados y prendiendo fuego a varios neumáticos han logrado cortar esta arteria principal catalana, en protesta por la celebración de la cumbre hispanofrancesa en Barcelona. El secesionismo ha vuelto a demostrar que no es un movimiento de sonrisas, tal y como trataban de vender no hace tanto tiempo.
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