Puigdemont y Sócrates

Que diferente la actitud ante la Ley la de Puigdemont y la de Sócrates. El primero huye a Bélgica, engañando a todos sobre todo a aquellos que habían confiado en él, ocultándoles con premeditación y alevosía su acción hasta a los más íntimos que le había acompañado durante años en sus actos. El griego, ante la sugerencia de sus amigos de que huya, exclama que hay que cumplir la ley pues ello es una defensa justificable de su democracia, y afirmó: “No se debe obrar mal ni contestar injusticia con injusticia. Al escapar de prisión se está actuando en contra de las leyes, lo cual es injusto”.

Sócrates le dice a Critón que suponga que las leyes pudieran hablarle de la siguiente forma en el instante en que ellos se dispongan a escapar: “Dime, Sócrates, ¿Qué tienes intención de hacer? ¿No es cierto que, por medio de esta acción que intentas, tienes el propósito, en lo que de ti depende, de destruirnos a nosotras y a toda la ciudad? ¿Te parece a ti que puede aún existir sin arruinarse la ciudad en la que los juicios que se producen no tienen efecto alguno, sino que son invalidados por particulares y quedan anulados?” (Critón 50a y 50b).

Por ello Sócrates dice a Critón que el plan que se propone significa ilegitimar las leyes, y ninguna sociedad puede sobrevivir si se incumplen los requerimientos de las leyes. Sócrates insiste que debe a las leyes su crianza, su educación y todos los beneficios que ha gozado durante su vida como ciudadano de Atenas, por lo tanto ahora no puede traicionar este acuerdo cuando él aceptó las condiciones de obedecer lo que dictaran las leyes en toda situación.

Y recalca Sócrates si hay alguien al que no le gusta lo que las leyes dictan también es libre de intentar persuadirlas para que cambien de opinión, es decir cambiémoslas de acuerdo a lo que las propias leyes nos indican.

En cambio, ¿qué ha hecho Puigdemont? Nadie le obligó a ser diputado ni a aceptar ser candidato a presidente, y juró aceptar y defender la Constitución Española para lograr el puesto. Y siguie mintiendo y tergiversando la historia, nada más y nada menos que afirmando que el gobierno de España es “un Estado de persecución a ideas legítimas, democráticas y no violentas”.

Cuando en ese Estado se han celebrado unas elecciones libres y democráticas a las que ha concurrido libremente con un partido y ha logrado 34 escaños. O celebra un homenaje a un presidente que se sublevó contra la República y tres días después pactó retirar la sublevación a cambio de un Estatuto de Autonomía.

Cuesta entender cómo es posible que con estos mimbres de actuación personal por parte de Puigdemont aun haya miles y miles de catalanes, no solo que no deploren su actitud execrable, comparada con la fortaleza moral de Sócrates, sino que encima, lo consideran un héroe, lo votan y lo defienden nada menos como su presidente legítimo. Se debe reconocer, comparándola con la filosofía moral de Sócrates, que algo podrido huele en esta sociedad.

Y algo habrá que hacer para restituir en ella algo de la moral socrática y pensar que las últimas palabras de Sócrates a sus amigos fueron: “Es hora de irse, yo para morir, y vosotros para vivir. Quién de nosotros va a una mejor suerte, nadie lo sabe, solo los dioses lo saben”.

Luis Fernando Valero

 

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