Puig: “No veo TV3 porque no me gusta que pretendan engañarme”

 

Valentí Puig (Palma de Mallorca, 1949) es uno de los escritores más prestigiosos de Cataluña. Su libro más reciente es la novela “El bar de l’AVE” (Proa), una magnífica obra que refleja los conflictos de la Cataluña de hoy.

¿Qué sintió al escuchar decir a Pep Guardiola que España es “un país autoritario”?

Lo leí. No lo escuché. No dudo que Guardiola sepa mucho de estrategia futbolística y de chutar a puerta pero no creo que distinga entre una democracia representativa, una sociedad abierta, el Estado de Derecho, los sistemas autoritarios y los totalitarios. Ocurre con otros portavoces del independentismo. Es como si gozasen de un universo político de carácter idealmente feudal. En la segunda década del siglo XXI, eso dificulta el contraste racional de pareceres. En realidad, cuando Guardiola hizo su proclama, la ciudadanía de Cataluña estaba en la playa o practicando el bricolaje en casa. Viene a la memoria que hace unos años había soberanistas que propugnaban un Guardiola presidente de la Generalitat. ¿Tendrá todo eso algo que ver con los apuros geoestratégicos por los que está pasado el pulcro enclave hiper-democrático de Qatar?

¿Por qué hay tanta sobreactuación en el bando secesionista?

Al menos en apariencia, coincide con la licuefacción de “mantras” como “España nos roba” o que exista una forma de democracia que puede saltarse la ley según convenga. El retroceso independentista, que desde luego nunca fue de una inmensidad mayoritaria, va a generar mucha frustración y eso perjudicará aún más los intereses de la sociedad catalana. Puede ser un largo decaer, muy largo porque están en juego muchos despachos y regalías, por no hablar de toda una facción columnista que está disparando sus penúltimos cartuchos.

Tengo la sensación que el PDeCAT, Esquerra y la CUP se han inventado un mundo irreal, digno de los adolescentes, en qué las normas no existen y por lo tanto se pueden inventar según la propia voluntad. ¿Qué pasará cuando llegue la madurez y descubran que sí las hay y qué se han de cumplir?

Es incierto que esa madurez llegue. Con un mínimo de madurez no hubiésemos llegado hasta donde hemos llegado. La sensación es que quedarán unos núcleos juveniles y también de tercera edad, especialmente en poblaciones de la Cataluña profunda, que constituirán una inercia “abertzale”. La liquidación del catalanismo clásico –por razones muy diversas como el caso Pujol y las políticas desastrosas de Artur Mas- comienza a tener consecuencias. Cuando menos ya incita a cierta nostalgia.

¿Ha heredado Junqueras el ‘pal de paller’, el eje central de la política catalana, que durante decenios detentó el pujolismo?

La tesis del “pal de paller”, como el concepto de transversalismo, buscaba saltarse el juego natural entre mayorías y minorías. El “pal de paller” no es una bendición que a uno le caiga del cielo. Lo que cuentan son los votos y los escaños. La historia de ERC, desde luego, tanto antes como después de la guerra civil, ha sido de una irresponsabilidad primitiva y a la vez de subidas y bajadas electorales.

Un buen número de periodistas y comunicadores describen a Oriol Junqueras como un “político sensato”. ¿Lo es?

Pues no lo sé. Por lo que dice, más que sensato es un “murri”, que pretende aunar votos como sea y donde sea. Ahí tenemos su idea de que todo se arregla si nos amamos más.

¿Ve TV3?

No.

¿Por qué?

Porque no me gusta que pretendan engañarme.

¿No se dan cuenta sus rectores que han destrozado el prestigio de la televisión pública catalana para unas cuantas generaciones?

No creo que eso les importe. Comenzó bien, pero algo en su origen genético –la idea pujolista de una televisión antropológica- permitía la sospecha pero no hasta el punto al que ha llegado. A Jordi Pujol le oí decir que la Cataluña actual no existiría sin TV3. Supongo que se refería a la imposición nacionalista frente al resto de la sociedad catalana, y con dinero del contribuyente. TV3 es una televisión excluyente.

¿Hay algún resquicio en la cultura catalana que se escape al intento de control por parte de los secesionistas?

Sí, los hay pero son de naturaleza individual. Institucionalmente no, porque el intervencionismo y el control son intensos. Es un daño grave para la cultura catalana dar por sentado que o es nacionalista o no es catalana. Luego está la disparidad que se activa entre la literatura en castellano y la escrita en catalán.

¿Es posible la “conllevancia” de Ortega con el nacionalismo catalán o con la radicalización del ‘procés’ se ha vuelto imposible?

¡Quién pudiera volver a la conllevancia! Si regresa, va a ser algo tarde. Pero no seamos fatalistas. Las pesadillas cesan cuando uno se despierta. La sociedad catalana, más allá de la política, es potente y Barcelona es un motor por ahora imparable.


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