
Gregorio Morán ha sido linchado moralmente, una vez más, simplemente por ser crítico con el nacionalismo. La última excusa ha sido una polémica literaria para que Pilar Rahola, Màrius Serra, Toni Soler, Francesc-Marc Álvaro y otros propagandistas de la exclusión se hayan dedicado a atacarle personalmente con lindezas de todo tipo. Nada nuevo bajo el sol, a los separatistas les gusta señalar y destrozar moralmente a los discrepantes.
Por suerte, la sociedad civil no secesionista está cada día más organizada y no se calla ante los abusos de una minoría que no hace más que sembrar odio y división. Se aprovechan de su dominio de los principales resortes de poder en Cataluña para intentar acallar aquellas voces que denuncian sus excesos y sus manipulaciones. Morán no está solo, porque somos muchos los que apoyamos a los valientes que denuncian la corrupción, venga de donde venga.
Las ‘Raholas’ ya no dan miedo. Sus gritos y exabruptos, antaño todopoderosos, ya no asustan a nadie. No tienen credibilidad y solo sirven para satisfacer a la minoría secesionista que les ríe las gracias. Cada vez queda menos para que los «revolucionarios del linchamiento», anteriormente conocidos como «revolucionarios de las sonrisas», pierdan su hegemonía social y política en Cataluña.
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