La gestión de las infraestructuras en España ha entrado en una fase de incertidumbre permanente bajo el mandato de Óscar Puente. Este martes, en la Comisión de Transportes del Congreso, el ministro ha vuelto a decepcionar a los ciudadanos al evitar concretar cuándo se restablecerá la conexión de alta velocidad entre Madrid y Andalucía. Tras semanas de promesas incumplidas, la falta de respuestas claras empieza a ser la tónica habitual de su departamento.
La interrupción del servicio no es un asunto menor; trae causa de la terrible tragedia ferroviaria de Adamuz, que el pasado 18 de enero se cobró la vida de 46 personas. Ante una crisis de tal magnitud, se esperaba de Transportes un calendario de trabajos riguroso y una comunicación transparente. Sin embargo, los usuarios se encuentran ahora con un muro de imprecisiones que solo genera más inquietud y malestar.
El baile de fechas protagonizado por el ministro Puente es, sencillamente, poco serio para un cargo de su responsabilidad. Inicialmente, el Gobierno barajó el 2 de febrero como el día clave para la vuelta a la normalidad. Poco después, el discurso cambió y se apuntó al fin de semana del 7 y 8 de febrero como el horizonte más probable para recuperar el tráfico ferroviario.
Ahora, todas esas previsiones han quedado en papel mojado tras su última comparecencia parlamentaria. El ministro ha recurrido a la «complejidad meteorológica» en Andalucía como el nuevo comodín para justificar la parálisis de las obras. Resulta llamativo que, en pleno siglo XXI, la planificación de una arteria de comunicación vital para el país quede supeditada exclusivamente a las previsiones del tiempo.
Esta falta de compromiso con los plazos es un síntoma del desbordamiento que sufre el Ministerio de Transportes. Mientras la red de alta velocidad permanece cortada, miles de viajeros se ven obligados a buscar alternativas costosas y lentas. La imagen de eficacia ferroviaria que España proyectaba al exterior se está agrietando por la incapacidad de sus gestores para dar soluciones rápidas tras el siniestro.
La comparecencia de Puente ha dejado más sombras que luces sobre el estado real de la infraestructura en Adamuz. Al escudarse en la lluvia, el ministro evita dar detalles sobre los avances reales en la reposición de la vía y los sistemas de seguridad. Es una estrategia de evasión que solo sirve para ganar tiempo político a costa del perjuicio económico de todo el sur de España.
Andalucía no puede permitirse estar desconectada de la capital de forma indefinida por una gestión que parece caminar a ciegas. La movilidad es un derecho básico y un motor económico que el Gobierno socialista parece estar tratando como una cuestión secundaria. El «estilo Puente», más dado al cuerpo a cuerpo en redes sociales que a la eficacia técnica, está pasando factura.
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