Que haya socialistas orgullosos de tener a un ministro como Óscar Puente es la mejor prueba de la degeneración moral y política del antaño todopoderoso PSOE. El problema del sanchismo no es sólo su líder, sino que su corte de pelotas son de una bajeza sin límites. Si al menos fueran técnicamente buenos y supieran gobernar pues aún podríamos consolarnos un poco. Pero ni eso.
Óscar Puente no sólo es una nulidad como político, sino que es el peor gestor que jamás haya tenido el Ministerio de Transportes. Ha empeorado el ya endémico colapso de Cercanías y ha transformado el servicio de Alta Velocidad en un auténtico desastre. Lo que no hace demasiado tiempo era el orgullo de Europa ahora no funciona.
Que Puente presuma de tener un máster cuando lo que tiene es un cursillo de la escuela de formación del PSOE es una vergüenza para todos aquellos españoles que sí se han dejado las cejas estudiando. Personajes siniestros como Puente, que deben su bienestar económico exclusivamente al haber trepado en las filas de los partidos – este mal no solo aqueja a los socialistas – son el principal problema de la política española.
No es necesario tener estudios para ser un buen dirigente político, pero lo que no se puede es simular lo que uno no es. Y la legión de socialistas que han maquillado sus currículums para presumir de lo que nunca han estudiado merecen no solo un reproche político sino el más absoluto desprecio de todos los españoles.
Pero como el PSOE va dando lecciones de moralidad nos toca exigirle que no quede ni uno que haya falseado su currículum. Ya está bien de profetas que lo único que hacen es mentirnos y tomarnos el pelo. Comenzando por la vergonzosa tesis doctoral de un presidente del Gobierno que cuando se destapó el pastel comenzó a demostrarnos su poca talla.
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