No me imaginaba empezar el año hablando de fútbol. Pensaba que lo haría del fracaso estrepitoso del sistema educativo en Cataluña, del inacabable ajuste de cuentas en ERC, del binomio inseparable inmigración y terrorismo, o de los fastos organizados por el gobierno del PSOE para conmemorar la muerte de Franco y que visto lo visto, prometen aumentar el número de simpatizantes del general, sobre todo entre los jóvenes.
Estamos tan habituados a las corruptelas gubernamentales, a los engaños del Presidente Sánchez, a las trapacerías de su señora esposa, y a oír las mentiras de Ábalos, Koldo, Torres o Aldama, el amable benefactor del gremio de la farlopa y la mordida, que la irrupción de los problemas del F.C. Barcelona con el caso Olmo nos ha parecido, un cambio de aires. Algo nuevo. Pues va a ser que no.
Después de la negativa de La Liga y la Real Federación Española de Fútbol, organismo rector del futbol español, a dejar inscribir a Dani Olmo y Pau Víctor jugadores del Barcelona, por presentación fuera de plazo de la solicitud de inscripción a la Liga, se organizó un auténtico terremoto.
El Barça y de retruque la Selección española, se quedaban durante el resto del campeonato, sin un jugador fundamental. Es más, una cláusula del contrato de Olmo, le daba la libertad para negociar con otro club si no era inscrito en tiempo y forma. Un roto de 200 millones de euros de ruina económica y reputacional.
¿Responsables? Nos lo cuenta en un artículo del diario Ara, Jaume Giró, el que fuera consejero de Hacienda del Gobierno Catalán 2021-2022, ex director general de la Fundación La Caixa, con fama de buen gestor y hombre prudente, no en balde se negó a participar en la Junta Directiva del F.C. Barcelona. Ha roto su silencio para poner de “chupa de dómine” al presidente Joan Laporta y su Junta directiva, por “falta de profesionalidad y gestión institucional incompetente e irresponsable”.
Es evidente en éste, como en otros casos que la gestión de Laporta y su camarilla, perdón Junta directiva, ha sido nefasta. Les ha salvado, como no podía ser de otra manera, el Consejo Superior de Deportes, un organismo autónomo que está adscrito al Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes. Por tanto, político e intervenido por el PSOE.
Su presidente es José Manuel Rodríguez Uribes, ex ministro de Cultura y Deportes con Pedro Sánchez, que hace que la cautelar, se convierta en otra amnistía encubierta, como nos tiene acostumbrados el Gobierno. Otro favor que se paga a cuenta de investidura.
Conocí a Joan Laporta en el 2011, cuando era concejal de Barcelona, por Democracia Catalana, un partido de circunstancias que se presentó coaligado con ERC. Sacaron dos concejales: Portabella y Laporta. Lo veía a menudo en los plenarios y era un hombre de buena distancia corta, con un ego como un armario, casi tan grande como el de Portabella. Acostumbrado al espectáculo más que al trabajo, a la queja constante, y a atribuir sus problemas a un enemigo cambiante.
Y así seguimos. Un Barça (el Farsa para conocidos y saludos), que se autodenomina “Més que un club”, se parece cada vez más a la Cataluña de los últimos años. Sin capacidad de autocrítica, victimista, dividida en manos de aventureros y farsantes, convertida en un ridículo reflejo de si misma.
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