El Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC) demuestra una notable astucia política. Ha sabido posicionarse con habilidad en el tablero catalán. Su estrategia lo ha convertido, de facto, en el nuevo «voto útil» para el separatismo más pragmático.
La cúpula socialista supo interpretar el agotamiento tras el fracaso del ‘procés’. La fallida Declaración Unilateral de Independencia (DUI) y los años de victimismo posterior habían dejado un vacío. La ansiada República Catalana nunca llegó. En ese momento, el PSC identificó una oportunidad clara. Vieron el giro necesario: la vuelta a un nacionalismo mucho más lento y cauto, el clásico modelo de la antigua CiU liderada por Jordi Pujol.
Esta lectura explica el viraje ideológico de Salvador Illa. El líder del PSC ahora no duda en elogiar la figura de Jordi Pujol. Incluso se reúne con él en público, reivindicando un legado que el socialismo siempre había criticado. Esta maniobra no es casual, sino una estrategia de fondo. El PSC se ha llenado de antiguos dirigentes convergentes. La formación ya incorporó a los restos de Unió hace años y ahora va sumando a los neoconvergentes más decepcionados. E Illa ya se ha reunido con el prófugo Carles Puigdemont.
El PSC de 2024 se parece peligrosamente a la antigua Convergència i Unió. Es la marca que recoge a los huérfanos del nacionalismo tradicional. Tras las incorporaciones de Miquel Sàmper o David Bonvehí, se esperan más fichajes.
El campo de juego está despejado para el PSC. Los Comunes se encuentran en caída libre y Esquerra Republicana (ERC) atraviesa una cruenta guerra interna. Junts per Catalunya sigue anclado en la figura de un líder prófugo de la justicia democrática. Solo Silvia Orriols amenaza la hegemonía socialista, ya que se está comiendo el electorado más radical de Junts y ERC.
Todo ello permite a los socialistas seguir como la formación dominante. Son la opción principal para quienes buscan un secesionismo de perfil bajo, más cómodo y menos rupturista que el promovido por el puigdemontismo. La única competencia real parece provenir de la extrema radicalidad que encarna Sílvia Orriols.
Aliança Catalana está logrando centrar el debate dentro del secesionismo catalán en la inmigración ilegal y la inseguridad. Así consigue votos socialistas y está devorando a ERC y Junts, que son vistos por muchos de sus antiguos electores como apéndices de los socialistas en el Congreso y/o en el Parlament.
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