
La líder separatista Silvia Orriols ha vuelto a situarse en el centro de la polémica parlamentaria tras lanzar una advertencia directa a la consellera de Interior, Núria Parlon. La alcaldesa de Ripoll ha exigido el fin de la valoración del árabe como mérito en el acceso al cuerpo de Mossos d’Esquadra. Su argumento insinúa que la presencia de agentes con este perfil lingüístico supone un riesgo latente para la seguridad pública. Ella apuesta por el monolingüismo en catalán, dado que su partido se dedica a denunciar por toda Cataluña a aquellos comercios que atienden en español.
Esta diputada secesionista justifica su postura sobre los Mossos bajo el pretexto de evitar futuros «disgustos» en la institución policial. Con un tono alarmista, la diputada vincula directamente el conocimiento del idioma con una supuesta infiltración de valores ajenos a la sociedad catalana. Es una estrategia habitual en su discurso: transformar una competencia técnica en una amenaza identitaria y de orden público.
Para sostener su petición, Orriols ha recurrido a una narrativa externa basada en la idea de que en Alemania existe un temor similar que impide la ampliación de sus fuerzas armadas. Según su versión, el actual canciller Friedrich Merz habría frenado el crecimiento del ejército por miedo a armar a ciudadanos de religión musulmana.
Sin embargo, el sustento de esta afirmación no proviene de cancillería alguna, sino de las teorías del comentarista estadounidense Tucker Carlson. El polémico comunicador, referente de la derecha más radical en Estados Unidos, es quien ha propagado esta tesis sin pruebas documentales. Orriols no solo da por buena esta interpretación, sino que incluso confunde el cargo de Merz, llamándole «presidente» de Alemania.
Resulta llamativo que una representante pública base su acción política en Cataluña sobre rumores importados de la órbita de la derecha norteamericana más radical. La alcaldesa de Ripoll parece más cómoda en la agitación digital que en el contraste de datos oficiales. Este tipo de declaraciones buscan, fundamentalmente, polarizar a una sociedad ya de por sí tensionada por la gestión migratoria.
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