La entidad promotora del golpe de Estado del 1-O Òmnium Cultural ha vuelto a demostrar este último año que sigue siendo una máquina de propaganda separatista financiada generosamente con dinero público. Aunque se define como una entidad cultural, sus únicas prioridades son las políticas. Y no se ocultan, trabajan para romper España y potenciar el secesionismo.
Con más de 10 millones de euros recibidos desde 2017 en subvenciones, Òmnium no cesa en su estrategia de agitación contra la convivencia entre españoles. Sus campañas en 2024 han girado en torno al “derecho a decidir”, la “represión del Estado” y el apoyo a los líderes condenados por el procés.
Esta entidad ha atacado al poder judicial, ha organizado charlas donde se criminaliza a España por aplicar su propia legalidad democrática, y apoya cualquier iniciativa en las comunidades autónomas adyacentes – lo que llama el pancatalanismo ‘Països Catalans – para promover el separatismo.
Su presidente, Xavier Antich, ha repetido en varios foros que Cataluña “sufre una represión estructural”. Lo dice desde una asociación que recibe millones de las administraciones controladas por el PSC y el separatismo, ocupa espacios públicos y tiene acceso privilegiado a TV3 y medios afines. Una ‘represión’ muy cómoda, pero es así esl victimismo independentista.
Òmnium también ha reforzado su red de delegaciones comarcales y locales, y entre sedes y locales de entidades gestoras ya supera el medio centenar. Dicen que lo hacen para “acercar la cultura”, pero su verdadero objetivo es extender el discurso separatista por toda Cataluña. Especialmente en zonas donde el voto independentista está en retroceso. Su presencia en prácticamente todo el territorio catalán hace que sea la entidad separatista más influyente.
En el ámbito educativo, su colaboración con plataformas como Plataforma per la Llengua se ha intensificado. Bajo el pretexto de proteger el catalán en la escuela catalana, presionan a docentes y promueven denuncias en redes sociales contra quienes no siguen su línea ideológica.
Tampoco han abandonado el frente internacional. En 2024, Òmnium destinó centenares de miles de euros a campañas en el extranjero. Buscan construir un relato de “nación oprimida” ante organismos internacionales. Pero callan cuando se les pregunta por la falta de pluralismo en Cataluña y sus intentos de expulsar al castellano como lengua de uso social.
Òmnium representa a una parte radicalizada del separatismo, la que defiende el ‘espíritu del 1 de octubre’ y el ‘ho tornarem a fer’. Se presenta como sociedad civil, pero actúa como un apéndice del poder socialista y separatista. Y lo hace con el dinero de todos los ciudadanos, piensen como piensen, que se ven obligados a sufragar su actividad de agitación secesionista.
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