

A inicios de los años ochenta, tras la victoria de Jordi Pujol en las primeras elecciones autonómicas catalanas y poco antes de que viera la luz la primera Ley de Política Lingüística (1983), comenzó la huida de profesores que abandonaron Cataluña hacia otras comunidades autónoma para sortear la imposición del catalán como lengua de enseñanza que impuso CiU con la colaboración activa de PSC, los entonces comunistas del PSUC y Esquerra Republicana.
Fueron más de catorce mil los docentes que dejaron Cataluña en los primeros años para evitar la opresión lingüística nacionalista, y la mayoría de estas plazas fueron ocupadas por profesores con una actitud más comprensiva hacia las intenciones del soberanismo catalán para la escuela pública. Pero algunos profesores decidieron resistir, y en 1981 firmaron un documento, conocido como el «Manifiesto de los 2.300», en el que se opusieron al plan de la Generalitat para convertir la enseñanza en un elemento propagandístico del nacionalismo. Entre ellos Federico Jiménez Losantos y Santiago Trancón.
Antonio Robles, en una entrevista publicada en ABC en diciembre de 2017, recordó que «fueron más de 14.000 los profesionales de la enseñanza los que marcharon de Cataluña en aquel momento ante la falta de apoyo institucional y la hostilidad social que se generó a raíz de su lucha. Fue un éxodo invisible que casi nadie ha contado y que, desgraciadamente, sigue produciéndose». Y es que hasta nuestros días sigue habiendo casos de docentes que prefieren abandonar la escuela catalana para escapar del yugo separatista.
Robles añadió en dicha entrevista que «ahora se habla mucho de adoctrinamiento, pero lo que han hecho los nacionalistas en la escuela ha sido una lluvia fina, una estrategia de años y años. Primero fue la lengua y luego los libros de texto. Sus planes se dibujaron en los ochenta, no lo olvidemos. Ahora han culminado». Hacía referencia al ‘Programa 2.000’ pujolista, la estrategia de Convergència Democràtica para ‘catalanizar’ Cataluña a su gusto.
Este proceso de ‘catalanización’ de las escuelas, y los desgarros que produjo entre los profesores, Antonio Robles lo contó en el libro ‘Extranjeros en su país’, que recientemente se reeditó gracias al apoyo de varias entidades constitucionalistas en una edición especial con motivo del 30º aniversario de su publicación.
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