La moral anda baja entre amplios sectores de los catalanes no separatistas tras la reciente aprobación por la ponencia de la ley Celaá de la eliminación de la lengua castellana como lengua vehicular de la educación, o tras el veto a la visita del Rey a Cataluña, la sentencia del Supremo que convirtió la rebelión en sedición, la absolución de Josep Lluís Trapero, la sensación que los políticos independentistas no están cumpliendo penas de prisión sino de balneario, y otros hechos similares,
El que sepa levantar la moral de millones de votantes no nacionalistas y consiga dar ánimos a unos ciudadanos muy desanimados se llevará el gato al agua. Todos los partidos no nacionalistas tienen que ponerse las pilas para que el electorado constitucionalista no se desmovilice y evitar que el separatismo consiga una victoria con el más del 50% de los votos, lo que sería un gran logro simbólico que sabrían explotar con su poderosa máquina de propaganda.
Es el momento de reconocer con valentía los errores cometidos, pero con sinceridad, que suene a que van a intentar corregirlos. Y de plantear a los catalanes no separatistas un plan viable para plantar cara y al totalitarismo secesionista y para recuperar la presencia de España en Cataluña. Porque el nacionalismo ha conseguido que lo «español» sea visto en nuestra tierra como algo ajeno para una gran parte de la población. Hace falta una hoja de ruta que ilusione y, sobre todo, que pueda ser llevada a cabo. Solo así conseguiremos volver a despertar ilusión entre los que resisten al independentismo.
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