La llegada de Salvador Illa a la presidencia de la Generalitat de Cataluña supuso, para muchos, la promesa de una nueva etapa de convivencia institucional y regeneración del espacio público. Pero a lo largo de su mandato no ha tocado nada en TV3, y siguen los personajes siniestros que insultan a todos los catalanes que nos sentimos españoles.
El canal sigue mostrando una línea editorial claramente afín al separatismo. Desde hace años, TV3 ha sido objeto de duras críticas por su falta de pluralismo informativo. Reportajes, tertulias y bloques informativos han sido, en muchas ocasiones, vehículos de propaganda soberanista. La llegada de un presidente teóricamente no separatista generó expectativas de reforma, pero la parrilla y los enfoques informativos siguen anclados en las mismas dinámicas editoriales de siempre.
El caso de TV3 no es solo un problema de contenidos, sino de una estructura profundamente politizada. La cúpula directiva de la cadena y el Consell de Govern de la Corporació Catalana de Mitjans Audiovisuals (CCMA) siguen dominados por profesionales vinculados al ecosistema independentista. Ni Illa ni su equipo han tomado medidas visibles para revertir esta situación. La inercia parece más fuerte que la voluntad de cambio.
Más allá de lo ideológico, este inmovilismo tiene consecuencias graves para la calidad democrática. Una televisión pública que no representa la pluralidad real de la sociedad catalana erosiona la confianza en las instituciones y perpetúa la polarización. Si Salvador Illa aspiraba a liderar una nueva etapa política, no lo ha demostrado en los medios de comunicación de la Generalitat.
La justificación de que los cambios en el sector público requieren tiempo ya no convence. Illa ha demostrado que puede gestionar con rapidez otros ámbitos de la administración. ¿Por qué no en los medios públicos? ¿A qué intereses responde esta pasividad? La ciudadanía que votó por el cambio tiene derecho a una respuesta clara.
También es relevante preguntarse si existe un cálculo político detrás de esta inacción. Mantener cierto equilibrio tácito con sectores separatistas podría formar parte de una estrategia para asegurar gobernabilidad o evitar un nuevo choque institucional. Pero gobernar implica tomar decisiones valientes, incluso si son impopulares en algunos círculos de poder.
TV3 no puede seguir siendo un canal de parte en una sociedad que pide reconciliación, realismo y verdad. La presidencia se nota en los gestos, pero se consolida en las reformas. Y en TV3, la reforma aún no ha empezado.
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