El doble rasero del separatismo radical catalán con los dependientes y camareros que atienden en castellano y con Leo Messi es fascinante. Lleva más de veinte años en Barcelona y no habla ni una palabra de catalán, y pocas faltas de respeto recibe a pesar de ser universalmente conocido.
En cambio, cuando un camarero no atiende en catalán y se desvela en redes sociales, el linchamiento que recibe este trabajador en redes sociales es increíble. Para Messi todo son parabienes, haga lo que haga con respecto a la lengua catalana.
Recordemos que cuando el ‘procés’ estaba en el momento más álgido, se filtró a la prensa su desazón por una posible expulsión del Barça de la Liga española y cómo se estaba planteando dejar el equipo si eso ocurriera. Y no olvidemos que su hermana Marisol huyó de Cataluña harta de la inmersión lingüística en la escuela.
Pocas voces autorizadas dentro del separatismo han osado criticar con ferocidad la falta de compromiso con el procés y la lengua catalana del astro argentino. Es lo que tiene ser la máxima estrella del principal fetiche del secesionismo, el Barça.
Se entiende porque el club azulgrana es el principal escaparate independentista para todo el planeta, gracias a la permisividad de la junta directiva culé, la UEFA y la Federación Española, que han permitido que el Camp Nou sea un continuo anuncio publicitario en el que se insulta a España comparándola con dictaduras,
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