La actual ley de educación, la LOMLOE o ley Celaá, dificulta enormemente a los maestros y profesores enseñar a los alumnos todos los conocimientos que deberían adquirir y, lo que todavía es peor, adquirir hábitos de trabajo y la cultura del esfuerzo que tanto necesitarán en su vida de adultos. Esta deficiencia también es un perjuicio para el futuro de toda la sociedad, ya que al estar los ciudadanos menos preparados y tener menos capacidad de trabajo, serán más dependientes de las Administraciones y más fácilmente manipulables.
Los maestros y profesores somos los primeros en conocer la gravedad de lo que está pasando en los centros de enseñanza, de cómo el sistema actual derivado de la LOMLOE favorece que el alumnado no pueda aprovechar los años de enseñanza obligatoria gratuita que les costeamos entre todos, unos años que para muchos de ellos son los únicos de los que dispondrán para formarse. Ante esto, los profesionales de la enseñanza tenemos la obligación ética de advertir al resto de la sociedad de lo que está pasando y de intentar cambiar la situación, de la misma manera que, si una ley de sanidad generara graves deficiencias en la atención sanitaria, los profesionales de la sanidad deberían informar de ello al resto de la sociedad.
Cuando hay un problema, los ciudadanos estamos acostumbrados a reaccionar haciendo escritos y manifiestos, recogiendo firmas de apoyo, haciendo declaraciones para que sean publicadas en los medios de comunicación, organizando manifestaciones en las calles o concentraciones en las plazas, haciendo paros y huelgas, yendo a hablar con los partidos políticos, etc. Todo ello comporta dedicar mucho tiempo y mucho esfuerzo y la mayoría de las veces no parece servir para nada, porque los gobiernos y parlamentos que han hecho las leyes no están obligados a cambiarlas, por muchas protestas que haya. Todo esto ha conducido a que muchos ciudadanos, cada vez más, consideren que protestando no se consigue nada y se refugian en el absentismo.

La democracia permite acabar con las leyes que nos perjudican
Parece que nos hemos olvidado de que vivimos en una democracia y que, por lo tanto, podemos cambiar las leyes que no nos gustan simplemente yendo a votar y no votando a los partidos políticos que las han hecho. Votar es una acción muy sencilla, no hay que trasladarse muy lejos, ni requiere mucho tiempo, ni implica ningún riesgo laboral ni social ya que es un acto secreto y, además, lo más importante, no depende de si los que mandan nos hacen o no caso, porque el día de la votación somos nosotros los que mandamos sobre ellos. Es decir, en una democracia el procedimiento más eficaz para cambiar las cosas dentro de la ley ya existe, es mediante el sentido del voto en las elecciones. Simplemente hace falta ejercerlo y ejercerlo bien, no votando a los partidos que han hecho leyes que perjudican a toda la sociedad, especialmente cuando son sus leyes fundamentales.
La LOMLOE fue aprobada en el Congreso de los Diputados el 19 de noviembre de 2020 con 177 votos a favor, 148 en contra y 17 abstenciones. Al ser una ley orgánica se requería un mínimo de 176 votos de los 350 diputados que hay en el Congreso, es decir, se aprobó casi por la mínima. Los partidos que votaron a favor y que la hicieron posible fueron PSOE, Unidas Podemos, ERC, PNV, Más País-Equo y Compromís.
Las próximas elecciones generales están previstas, como máximo, para el 10 de diciembre de 2023, es decir, para dentro de un año. Será la gran oportunidad de derogar la LOMLOE, una ley que perjudica a todos los alumnos y pone en peligro el futuro de nuestra sociedad. Se trata de no votar a ninguno de los partidos que la establecieron. Es así de sencillo, porque los partidos que votaron en contra ya han asegurado que la derogarán si llegan al gobierno. No hay otra fórmula para acabar con la LOMLOE.
A la propuesta anterior se puede objetar que cuando los ciudadanos votan a un partido, tienen en cuenta muchos otros aspectos. Esto es verdad, pero es que la enseñanza es el aspecto más importante después de la sanidad y, a la larga, es el más importante de todos, ya que sin una buena enseñanza no es posible tener ni una buena sanidad, ni una buena economía, ni una buena convivencia, ni unos ciudadanos libres.
Los principales errores de la LOMLOE
En España hay unos 765.000 docentes no universitarios, es decir, profesionales que conocemos los defectos fundamentales de la LOMLOE. Si todos votáramos en contra de los partidos que han establecido esta ley, éstos perderían unos 11 escaños, un número casi suficiente para que perdieran el gobierno y con ello que desapareciera la LOMLOE.
Dado que la propuesta de no votar a los partidos defensores de la LOMLOE no solo se hace a los profesionales de la enseñanza, sino también al resto de la ciudadanía y esta puede desconocer los aspectos por los que la LOMLOE es una pésima ley de educación, los citamos a continuación:
1.) Rebaja los niveles de exigencia al establecer que las juntas de evaluación pueden dar el título de la ESO aunque los alumnos tengan muchas asignaturas suspendidas (Artículo 28), así como el título de Bachillerato aunque los alumnos tengan una asignatura suspendida (Artículo 37).
2.) Establece que los centros de las comunidades autónomas que lo permitan dejen de impartir las asignaturas establecidas en la ley y, en su lugar, hagan las actividades que ellos decidan y califiquen a sus alumnos en función de los aspectos que ellos consideren oportunos (Artículo 120).
3.) Delega en las comunidades autónomas el uso o no del castellano o español como lengua vehicular de enseñanza, por lo que de hecho permite prohibir el uso del castellano en las aulas, que es la lengua común de todos los españoles, como pasa en Cataluña.
4.) Elimina las evaluaciones externas con valor académico al final de la ESO que preveía la ley anterior, por lo que al no existir ningún control externo, los alumnos no tendrán que demostrar sus conocimientos fuera del centro y, por lo tanto, se esforzarán menos. Además de que será imposible detectar si los alumnos están siendo adoctrinados en ideologías políticas partidistas incompatibles con nuestra Constitución.
5.) Elimina los dos itinerarios diferenciados a partir de 4º de ESO que establecía la ley anterior, uno dirigido hacia el Bachillerato y otro dirigido hacia la FP, para evitar así perjudicar a unos y a otros, al mantenerlos en la misma aula hasta los 16 años o hasta los 18 años si son repetidores.
6.) Solo reserva al Ministerio de Educación entre el 50 y el 60% de las horas para definir las “enseñanzas mínimas”, es decir, los conocimientos que no pueden faltar.
7.) Intenta acabar con la enseñanza concertada, con la enseñanza especial y con la enseñanza diferenciada, al eliminar el concepto de “demanda social”, es decir, el número de familias que deseen matricular a su hijo en un determinado colegio (Artículo 109.2).
En conclusión, como se puede ver, la LOMLOE ha aportado todo un conjunto de novedades que perjudican gravemente la enseñanza y la educación de los alumnos.
La negación del voto a los partidos que dan soporte a la LOMLOE es la única vía democrática efectiva para sacar a la enseñanza de esta deriva degeneradora. Es urgente restablecer los principios eficaces de nuestro sistema educativo, como son la importancia de los contenidos, la necesidad de las evaluaciones externas y la labor insustituible de los maestros y profesores como sujetos activos de la enseñanza.
Diciembre de 2022. Sindicato de profesores AMES (Acción para la Mejora de la Enseñanza Secundaria)
www.ames-fps.com
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