No hay nada mejor como coger distancia para intentar reflexionar sobre lo que ocurre en Cataluña y en nuestra querida España. Un fin de semana comiendo de maravilla por Extremadura y Portugal, viendo llover como si no hubiera un mañana y dejando de pensar en lo que nuestros políticos están consiguiendo hacer “con nosotros” da mucha perspectiva y ayuda a centrarte.
Visité una Portugal en pleno cierre de campaña electoral de sus generales (elecciones) y en la misma jornada electoral. Es curioso contemplar como el acto de ir a votar es algo tan natural allí que debes fijarte mucho para notarlo. Todo lo hacen sencillo en nuestro país vecino. Poca cartelería y poca propaganda, completamente al contrario de lo que hacemos los “modernos” españoles. Sin ruido, con cautela y sabiendo que se jugaban su futuro. Un futuro en el que parece que gobernará el centro derecha de Alianza Democrática con la ayuda de su Vox particular (Chega) que se erige como tercera fuerza. El socialismo baja de forma importante tras muchos años en el poder y varias corruptelas (¿les suena algo?, debe ser un gen internacional) mientras las fuerzas de ultraizquierda se caen por completo (también les suena, ¿verdad?).
Joooo, si es que quisiera seguir hablando del país vecino del Oeste, pero es imposible. Suerte que tengo la satisfacción de opinar en nuestro querido elcatalan.es y explayarme a gusto sobre lo que siempre nos duele y pocas alegrías nos da: Cataluña. Y más en una semana como ésta que no es nada “simpática” para los que estamos hasta las narices de la clase política. Sobre todo, si esa clase política la forman autoexiliados nacionalistas o complacientes socialistas con los pantalones en los tobillos. Todos ellos millonarios bien retribuidos por nuestros impuestos y con nuestros sudores que nos mienten en plena campaña, tras la campaña y todos los días de sus vidas.
Vergüenza tengo, lo confieso. Sé que sólo soy uno entre muchos millones de catalanes avergonzados por la chulería del “amigo” Puigdemont quien ha prometido volver a “casa” en otoño, con todos los honores, bajo palio, recorriendo la Diagonal de arriba abajo (por la Meridiana no piensa entrar porque esos son barrios de progres que no representan a la alta jerarquía de la burguesía nacionalista catalana, que es la suya) y con escolta de la Policía montada del Canadá, perdón, de la Generalitat. Con caballos que irán soltando sus “pastelitos” a lo largo de su trayecto para que nos demos cuenta de que mientras ellos pasean nosotros nos quedamos con la mierda que dejan por el camino.
Y como de mierda va la cosa habrá que recordar a todo el mundo que la cuestión es por qué en este país de pandereta hemos sido capaces de aprobar una ley de amnistía ad-hoc fabricada y prefabricada con mil parches pero que, en cualquier caso, le da la potestad al huidizo de volver a “casa” sin problemas (salvo que lo impida la justicia europea de la que me fio menos que de un caramelo en el suelo). Para que lo entendamos: dos terceras partes de los catalanes (los que no somos super nacionalistas ni “raza superior”) sentimos que nos han tomado el pelo. Nos han hundido económica y moralmente y nos han machacado a impuestos para hacer y deshacer en sus chiringuitos “indepes” mientras negociaban contratar 10.000 soldados rusos (manda webs el tema) o cerraban “acuerdos” internacionales con todos los que quieren el mal de España y, por supuesto, de Cataluña. Ellos, que sí son “la raza superior”, los terratenientes de toda la vida, los “señoritos” de siempre, los que exigían el “derecho de pernada”, los burgueses “rapiñaires”, todos ellos, son los que han tenido los santos “cojines” de extorsionar a unos bledas (acelgas) del Psc-Psoe, los representantes de la teórica izquierda guay de éste país, para retroceder diez años en libertades y exonerarlos a todos como si no hubieran existido los delitos. Ojo, exonerarse sólo a ellos mismos, no a nosotros de nuestras multas, impagos, denuncias por exceso de velocidad o aparcamientos indebidos o por no llevar la tarjetita verde de “cero” emisiones o equivocarte diez céntimos en la declaración de renta. Como son los mismos los que redactan las leyes que los que deben cumplirlas, pues las cambian a su antojo cuando les toca a ellos. Y chimpún.
Quien no quiera verlo que no lo vea, pero Sánchez y Puigdemont, con Illa, Junqueras, Aragonés, Yolanda, las centrales “nucleares” sindicales (porque son un núcleo cerrado donde chupan gambas muy pocos), la patronal enterita catalana (por supuesto de extrema derecha independentista) y compañía, acaban de confirmar que los demás les importamos dos carajos. Un carajo porque sí y el otro por si no nos hemos dado cuenta antes. Aunque seamos la gran mayoría para nosotros no hay dulce, sólo coces y caquita en nuestro camino.
Lo siguiente, el referéndum, que será “absolutamente indispensable para que en Cataluña se restablezca la tranquilidad” (la suya claro) para, a continuación, exiliarnos a todos los que no somos de “la cuerda” no vaya a ser que se les caiga el relato. Sólo pido una cosa: ya que acabaremos en la calle envíenme exiliado a una de las preciosas villas de Estoril del mismo nivel de calidad que “Can Waterloo” y con el sueldo de “chupi-diputado-exiliado” del Puigdemont. Puestos a pedir, exiliarnos como marqueses y sufrir como ellos sería lo lógico. ¡Puigdemont nos ha enseñado el camino, hermanos! ¡Portugal, nos vemos pronto, al menos mientras dure una España vendida en retales por esa izquierda llena de mierda y mentira!
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