Esto es 1 golpe de Estado,un ataque a la democracia,una violación de los derechos humanos
Ante la prepotencia:calma y serenidad #NoViolencia— Sor Lucía Caram (@sorluciacaram) September 20, 2017
El Ministerio del Interior, bajo la batuta de Fernando Grande-Marlaska, ha vuelto a sorprender con su gestión de los reconocimientos institucionales al otorgar la Medalla al Mérito Policial con Distintivo Blanco a Lucía Caram. La conocida religiosa dominica, afincada en Cataluña desde hace décadas, figurará entre los galardonados de este año con motivo de la festividad de los Ángeles Custodios, patronos del cuerpo.
Esta distinción, reservada en teoría para reconocer méritos extraordinarios y concedida a personas ajenas a la institución, adquiere un matiz profundamente polémico debido al pasado político de la galardonada. Durante los años más convulsos del desafío soberanista, la monja argentina se convirtió en un rostro habitual de los platós televisivos, destacando por su apoyo explícito a los postulados secesionistas y su cercanía al expresidente Artur Mas.
La hemeroteca no deja lugar a dudas sobre su nivel de beligerancia política en aquellos momentos críticos. El 20 de septiembre de 2017, coincidiendo con el registro judicial en la Consejería de Economía y el asedio a los agentes de la autoridad, Caram no dudó en arremeter contra el Estado democrático a través de las redes sociales, calificando la actuación policial de golpe de Estado y violación de derechos humanos.
Resulta incomprensible que el departamento de Marlaska premie precisamente a figuras que batallaron activamente contra el orden constitucional. La concesión de esta medalla es interpretada por la crítica como un nuevo peaje político o un gesto de blanqueamiento hacia perfiles que cuestionaron frontalmente el Estado de derecho.
Por su parte, la religiosa intenta ahora pasar página de aquel agitado capítulo institucional. En declaraciones al digital El Confidencial – medio que ha destapado la concesión del galardón – , asegura que lleva un lustro completamente apartada de la primera línea política y resta importancia a las críticas que la acompañan desde hace años, intentando matizar su implicación en el independentismo catalán.
A pesar de admitir abiertamente que respaldó en su día la consulta ilegal, Caram rechaza la etiqueta de monja separatista y prefiere minimizar sus soflamas del pasado. No obstante, sus palabras de comprensión hacia los líderes condenados por sedición y su defensa cerrada de los mismos forman parte de un historial que resulta difícil de borrar con un simple lavado de cara ideológico.
En la actualidad, el perfil público de la dominica ha girado hacia la acción humanitaria, centrando sus esfuerzos en la ayuda a Ucrania. Gracias a sus gestiones, la monja ha logrado colaborar recientemente con la Policía Nacional para trasladar a territorio español a más de medio centenar de niños hijos de agentes ucranianos caídos en combate.
Ante las preguntas sobre la idoneidad de recibir este galardón policial, Caram ha justificado su aceptación argumentando que le servirá como altavoz. Su objetivo confesado es visibilizar ante la opinión pública los proyectos solidarios que encabeza en el país europeo devastado por la invasión rusa.
Sin embargo, la paradoja de que una institución policial condecore a quien antaño la acusó de romper la democracia no deja de generar malestar interno y estupefacción ciudadana. El uso discrecional de estas condecoraciones por parte del Ejecutivo socialista evidencia una preocupante falta de criterio institucional a la hora de premiar méritos verdaderamente transversales. Marlaska condecora a un símbolo del soberanismo catalán, consumando un nuevo episodio que vuelve a evidenciar las costuras ideológicas de los galardones del Ministerio del Interior.
NOTA: elCatalán.es necesita ayuda para poder seguir con nuestra labor de apoyo al constitucionalismo y de denuncia de los abusos secesionistas. Si pueden, sea 2, 5, 10, 20 euros o lo que deseen hagan un donativo aquí).
necesita tu apoyo económico para defender la españolidad de Cataluña y la igualdad de todos los españoles ante la ley.
















