Manolo González volvió a demostrar en la previa del derbi que es mucho más que un entrenador: es el principal referente de un Espanyol competitivo, convencido de su identidad y ajeno al ruido que suele rodear cada enfrentamiento con el FC Barcelona. Sin esquivar ningún asunto incómodo, el técnico blanquiazul habló con claridad, firmeza y un sentido de la responsabilidad que contrasta con el clima habitual que acompaña a su rival ciudadano.
El preparador perico se mostró plenamente centrado en el fútbol y en el excelente momento de su equipo. “Estoy dedicado a preparar el partido y a seguir la racha”, insistió, subrayando una mentalidad de trabajo y ambición que se ha convertido en una de las grandes virtudes del Espanyol esta temporada. Lejos de complejos, González dejó claro que su equipo saldrá a competir “como cada semana”, convencido de sus posibilidades.
Con realismo, pero sin miedo, el técnico reconoció la dificultad de medirse a un Barça que juega a un ritmo alto, aunque sin caer en la reverencia excesiva que suele acompañar a los azulgranas. “Es un partido complicadísimo, pero estamos preparados”, afirmó, reforzando la idea de que este Espanyol cree en lo que hace y no se siente inferior a nadie.
Especialmente contundente fue al referirse a la designación arbitral, cuestionando abiertamente la elección de un colegiado catalán para un partido de máxima rivalidad. Una reflexión lógica, planteada desde la sensatez, y no desde la presión institucional que tantas veces ha rodeado al FC Barcelona en este tipo de escenarios. “Hay decisiones que no tienen sentido”, apuntó, apelando a que el árbitro no se vea condicionado.
Manolo González también quiso destacar el papel de la afición perica, a la que elogió por su apoyo incondicional y su identificación con el equipo. Frente a los habituales intentos de señalar y estigmatizar al entorno blanquiazul, el técnico fue claro: nadie tiene que dar lecciones de comportamiento al espanyolismo e hizo referencia a que el Barça no puede dar lecciones en este aspecto. “La gente estará con el equipo y eso es lo que importa”, afirmó con rotundidad.
En un contexto donde cada derbi suele ir acompañado de polémicas externas que benefician al foco mediático del Barça, González volvió a poner el acento donde corresponde: en el césped. “Lo que me importa es ganar”, sentenció, dejando claro que su prioridad no son los nombres propios ni las narrativas ajenas, sino el rendimiento colectivo.
Para cerrar, el entrenador mantuvo los pies en el suelo y reafirmó el objetivo principal: alcanzar los 42 puntos. Una muestra más de su discurso coherente, alejado de la grandilocuencia y del triunfalismo prematuro que tan bien se maneja en Can Barça. El derbi se presenta, así, como un examen de fútbol y carácter: el de un Espanyol sólido, bien dirigido y convencido, frente a un FC Barcelona que llega con la presión habitual de quien está obligado a ganar y acostumbrado a que todo gire a su alrededor.
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