Las luces y sombras en la trayectoria del rey emérito Juan Carlos van mucho más allá de la persona en sí y son de nuevo utilizadas para cuestionar todo un modelo institucional. Quedan en la retina como hechos más recientes los últimos acontecimientos que empañan el legado anterior.
Cuando murió Adolfo Suárez, cuando se conmemoran la Transición y la Carta Magna o cuando se produce algún hecho que pone en duda el régimen constitucional vuelvo a pensar otra vez que deberíamos ser conscientes de lo que tenemos y de donde venimos. Es muy fácil juzgar ahora desde una posición más confortable las supuestas carencias del sistema actual que antes y durante el 78. En perspectiva, el sistema actual permite una libertad de expresión que antes no hubiese sido posible y hasta permite que haya dirigentes y fuerzas políticas que no ocultan su intención de derribar este mismo sistema, este mismo que les permite tener presencia e influencia en las instituciones y en muchos gobiernos.
Nunca fui ni tampoco me considero un monárquico militante, y seguramente, si a mí en la ficción me tocara fundar un estado nuevo en unos palmos de terreno liso y sin historia, y partiendo de cero, éste sería una república.
Otra cosa es tomar conciencia de nuestra historia, de lo acontecido décadas atrás y de lo que posibilita la convivencia entre unos y otros, al menos con el menos malo de los sistemas.
Repito, sin ser un entusiasta ni un monárquico militante creo que el régimen constitucional y de monarquía parlamentaria actual es el mejor para el país. Lo fundamental son los contrapesos, la estabilidad de las instituciones y del sistema, muy por encima de las pulsiones personales de cualquiera de nosotros en un momento determinado.
Creo que es el tiempo el que da y quita razones y convendrá al cabo de unos años juzgar en su justa medida con sus luces y sus sombras la vida y obra del rey emérito. A Felipe VI se le ha encomendado un papel muy difícil en un momento muy complicado y además le ha tocado tomar decisiones que, sin duda, le afectan mucho en lo personal.
Me resulta muy poco creíble, y hasta cínica, esta preocupación repentina que en estas últimas horas han manifestado de forma apresurada algunos dirigentes por la estabilidad y las instituciones del país cuando nunca han ocultado su interés por debilitarlas por dentro para su provecho y gloria personal.
Y una última cosa. Si no es mucho pedir, a aquellos que sostienen que una monarquía es algo caduco en el siglo XXI, piensen un poco antes de citar una y otra vez a Holanda, Dinamarca y países nórdicos como modelo a seguir.
José Luis Osorio
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