En Cataluña todo es posible porque la ley no existe, por mucho que Salvador Illa haya llegado al poder. Cuando la “desobediencia” ha sido la palabra mágica en boca de muchos que han gobernado, y gobiernan, administraciones públicas en Cataluña no puede extrañar que periódicamente se provoquen altercados y graves disturbios. En Cataluña la ley la hacen los violentos, porque son los que legitiman su forma de proceder los que deciden la mayoría que gobierna en la Generalitat.
No importa que la excusa sea la condena de los líderes golpistas o que se detenga a un rapero de dudoso gusto musical. Mañana será un mal arbitraje al Barça, la subida de los alquileres o la subida del precio del kilo de ‘calçots’. Cuando se instala en una sociedad el convencimiento de que no hay que cumplir las normas que no nos gustan o no nos convienen, como predican Oriol Junqueras, Carles Puigdemont o los Comunes, el recurso a lanzar piedras a la policía o quemar cajeros automáticos es el siguiente paso.
Ser policía en Cataluña es una profesión de doble riesgo: los violentos separatistas te pueden abrir la cabeza a pedradas, y si se te ocurre cargar contra ellos para defenderte y para que no destrocen la ciudad entonces te pueden expedientar por ser demasiado eficaz ‘molestando’ a los socios de los que gobiernan Cataluña. Recordemos como una turba de radicales asaltaron en febrero de 2021 la comisaría de los Mossos en Vic tras los incidentes por la prisión del rapero Pablo Hasél. Y los ataques a cuarteles de la Guardia Civil o a la Jefatura de la Policía Nacional de Vía Layetana, en Barcelona, no han sido ‘hechos aislados’.
Tras la barbaridad de Vic, con una comisaría destruida, el máximo interés del entonces consejero de Interior Miquel Sàmper – ahora repescado por Illa como consejero de Empresa -, fue pedir “cambios” en el Código Penal que castiga los llamados delitos de opinión. Unos veinticinco ‘mossos’ heridos, una comisaría arrasada, y al ‘conseller’ solo le faltó pedir que soltaran a Hasél. Ahora los vándalos están reagrupando fuerzas, pero volverán, porque en Cataluña muy pocas cosas han cambiado.
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