Lleida ha despertado el miércoles por la mañana con el pecho henchido de libertad. Lleida –o algunos vecinos de la ciudad de Lleida- han querido rememorar el espíritu combativo de la ciudad plasmado en el aguante frente al asedio borbónico de 1707 colgando muñecos dedicados a Ciudadanos, PP, PSC, Podemos y Vox en una pasarela de la LL-11. Cierto es que este segundo acto es un poco menos épico que aguantar un asedio, pero los independentistas, como todos, son hijos de su tiempo, y en cuestiones de épica y derivados no iban a ser menos.
No pretendo, a este respecto, iniciar un profuso y denso debate sobre los independentistas, pero he decir que no acabo de captar del todo qué son y a qué van. Nos dicen que son culturalmente superiores a la media, y a la primera llamada de corneta para aglutinarse frente a un edificio registrado por una comitiva judicial acuden raudos cual rebaño bovino. Nos dicen que respetan la separación de poderes cual daneses bien desayunados, pero al intento de la policía de desalojar un colegio porque así se lo ha ordenado la justicia se prestan sin dudar a formar un muro humano para impedirlo.
Y ahora esto: quieren democracia, quieren libertad, y a la mínima presentan a los partidos contrarios a sus ideas colgados de un puente cual longaniza para recordarnos que la libertad sí, pero la suya y sólo la suya. He de confesar que no les entiendo bien.
Desde luego, si el objetivo de esta performance posmoderna falta en recursos y también en originalidad era tratar de amilanar no lo han conseguido del todo. Es más: de sus ansias por amedrentar nace nuestra responsabilidad por defender a todos aquellos susceptibles de ser amedrentados por sus ideas.
Cada nuevo muñeco colgado de un puente es una razón más para plantarnos y enfrentarnos a ellos, a su curioso concepto de la pluralidad política basado en un nada moderno “o haces lo que yo diga o verás a tu partido amenazado en un puente”. La tenacidad no se la negaré, porque algo hay que conceder a esta gente, pero lo que viene siendo la capacidad de estrategia para quedarse solos en el tablero de la política ya menos.
No creo necesario extenderme más sobre esta cuestión. Aquí cada uno a su tarea: ellos a trasnochar para colgar sacos de patatas de un puente cualquiera y nosotros a apoyar en las instituciones y en la calle a los ciudadanos y votantes coaccionados por estos primeros. La nuestra es una actividad menos vistosa, cierto –aunque si tu vistosidad depende de colgar cosas de puentes, replantéate cosas-, pero es mucho más digna. Y más necesaria.
Nota: si alguno de los perpetradores del conocido ya como “pero qué haces levantándote a las cuatro de la mañana para colgar cosas de puentes, tonto, que eres tonto” no ha entendido alguna de las palabras en este artículo empleadas estoy seguro de que cualquier concejal constitucionalista en el ayuntamiento de Lleida estará dispuesto para explicársela(s) en cualquier momento de la mañana. Se ofrece café (y paciencia).
Diego de Schouwer
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