Salarios más bajos, menos tiempo libre, más responsabilidad en el hogar, penalización laboral por ser madres… La brecha de género aún está a la orden del día en 2024, aunque con algunos avances. Hablamos con Lídia Farré, investigadora del Instituto de Análisis Económico del CSIC y de la Barcelona School of Economics, sobre la situación actual de esta histórica brecha y la importancia de la economía de género para un futuro esperanzador, analizando las principales conclusiones de varios estudios del Observatorio Social de la Fundación ”la Caixa”.
¿Por qué te parece importante abordar la economía como enfoque de género?
Porque, además de una cuestión de justicia social, la igualdad de género es también una cuestión de eficiencia económica. Si suponemos que la distribución de habilidades entre hombres y mujeres es parecida, la ausencia de mujeres en diferentes esferas o segmentos de la economía pone de manifiesto que se están malgastando recursos, porque mujeres con mucho talento no están en esas posiciones, no están contribuyendo a la economía. Por tanto, fomentar la igualdad de oportunidades mejoraría la eficiencia económica.
En 2024, en España: ¿condiciona todavía el género nuestros salarios?
Mucho. La brecha de género en los salarios está en alrededor del 13 %. También hay brechas importantes en participación y en la distribución ocupacional. Y parte del problema es que existen unas normas sociales que atribuyen a la mujer el papel de cuidadora principal. Y esto hace que las tareas domésticas no se distribuyan de manera equitativa entre hombres y mujeres, lo que acaba fomentando la desigualdad de género dentro del mercado de trabajo.
Según el Global Gender Gap Report 2022, la brecha salarial de género en España es del 28 %. Si seguimos a este ritmo, tendrían que pasar 132 años para alcanzar la paridad. Los indicadores más optimistas hablan de 33 años. ¿La sociedad puede permitirse estos plazos?
Es difícil predecir cuándo o si se va a cerrar la brecha de género. Pero sí es cierto que, a lo largo del siglo pasado, los avances en materia de género han sido de los más significativos. Hubo avances espectaculares en cuanto a participación femenina durante los años 70 y 80, aunque al final de los 90 observamos un estancamiento, como si hubiéramos tocado techo. Identificamos factores muy influyentes que son difíciles de cambiar, como por ejemplo las normas sociales, o que cuando las mujeres se convierten en madres se las penaliza en el mercado laboral. Entonces, hay que encontrar medidas. No nos podemos permitir esperar tantos años como dicen esas predicciones, necesitamos actuar, pero las transformaciones sociales son lentas.
¿Con qué medidas contamos actualmente para impulsar esta transformación?
El permiso de paternidad contribuye a incentivar la participación de los hombres en la producción doméstica y esto puede tener repercusiones a largo plazo. Una de ellas es que los menores vean dinámicas familiares menos tradicionales, con más participación de los hombres, y que, por lo tanto, hombres y mujeres tengan un papel parecido dentro y fuera del hogar en las generaciones venideras.
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