Leones sin cabeza

Acabamos de ver en estos días cómo encerraban a los dos Jordis en prisión. En un AUTO que describía con pelos y señales todas las actuaciones de estos dos (hoy ya podemos decirlo) agitadores sociales, la juez los envía a Soto del Real en donde al parecer permanecerán tranquilos y apaciguados fuera de cualquier relación con la política durante una temporada prudencial.

En la calle todo es movimiento. La fuerza independentista, golpeada en lo más profundo, intenta responder a la medida convocando una movilización masiva de protesta en la Diagonal de Barcelona. A ella acuden miles de catalanes portando velas. Susurran la palabra libertad, exigen la vuelta inmediata de sus dirigentes, pero hay algo en el ambiente que, fuera del alboroto normal, se ve por primera vez y mira por dónde, aunque ellos no lo noten, llama poderosamente la atención.

Si hasta ahora la fuerza se notaba tanto en las expresiones como en los rostros de los manifestantes, hoy, al cruzarme con ellos en sentido contrario, los he visto totalmente amedrentados. Sí. Había miedo en sus rostros, seguramente miedo a estar solos, a quedarse sin dirigentes, a perder las consignas, la organización, el talante de victoria y la emoción de la lucha. En los rostros de los que se congregaban había un discreto silencio anímico. Se notaba que, la falta de los dos Jordis, esos que desde los capós de los coches los azuzaban con consignas de rebelión, la lucha se perdía envuelta en un intenso olor a cera.

Con los Jordis, la fuerza se manifestaba dirigida, controlada. Sin los Jordis, los golpes se dejarán oír igualmente, pero no serán efectivos, carecerán del vigor de antaño y no serán acumulativos. Precisamente porque el golpe dado ha sido certero, porque hoy, el león está descabezado.

El ejemplo de esta juez es bueno, porque demuestra a las claras que la organización y el mando lo son todo. Sin organización, todo movimiento peligra, la gente no sabe dónde acudir y las consignas pierden sentido. Antes estábamos frente a una lucha efectiva dirigida contra nuestro Estado. Ahora, para el caso de que no puedan suplir el vacío dejado por esos dos agitadores, el movimiento se diluirá poco a poco.

La masa habla de la vuelta de los presos políticos. Olvidan que, en el código penal no existen artículos para definirlos y que ese concepto, precisamente, está totalmente fuera de nuestro ordenamiento. No quieren entender (ni les interesa ni les importa) que los Jordis son verdaderos y autenticos agitadores, incitadores a la sedición y también a la rebelión. Que han ocasionado daños a las cosas, que han privado de libertad a unos funcionarios que solo cumplían su cometido, que se han interpuesto entre la Ley y el orden intentando impedir su actuación y su mandato, que han agitado a la muchedumbre siempre para lograr sus fines de desobediencia, lo cual no es poco.

Son, en definitiva, presos a secas, presos comunes, presos como los demás. Porque esta es la distinción y el galardón que obtienen, tarde o temprano, todos aquellos que se apartan de las normas de todos, los que incitan a la desobediencia o los propios sediciosos. ¿Esperaban, tal vez, otro trato? ¿Creían que, arropados por el pueblo, serían inmunes a las Leyes? Madrid está muy lejos para enviar tractores o asaltar cárceles, y el mandato, esta vez, sí se cumplirá.

Ojalá todo acabe pronto y las aguas vuelvan a su cauce. Tan sólo es necesario seguir descabezando leones, que hay bastantes. Y proponerles a todos estos personajes arrogantes nuevo alojamiento sin vistas, en la paz y en la quietud del descanso indefinido, cesándolos en sus cometidos espurios y adentrándolos en la senda del recato y la meditación. Que sea pronto.

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