El abismo egocéntrico

Luis Fernando Valero

A nadie se le escapa que vivimos en un mundo de cambios apresurados, de dinámicas en donde las cosas cambian de un día para otro, es difícil pensar que aquella sociedad catalana que era definida como un oasis, que era la más dialogante y razonable de España, esté a punto de caer en el precipicio, es difícil entender que esa sociedad esté al borde del abismo y que la esencia de ella, el mundo empresarial, dé una estampida más impresionante que la del film  ‘Castell stampede’ de Sam Newfield

Este mundo de impresionantes cambios en lo social, económico, tecnológico y político nos obliga a reflexionar para comprender lo que nos ocurre, pero da la impresión que no se tiene tiempo y quizás ni ganas.

Vivimos en una constante paradoja, por una parte la universalización de la que nadie duda de sus ventajas, pero ello está generado temores, se crearon posibilidades de riqueza, se redujo durante un tiempo la pobreza creando una potente una clase media, pero ahora se observa que se están deteriorando los niveles alcanzados y ello afecta a la esencia misma de las relaciones sociales y causa destrucción de las relaciones culturales y de la solidaridad.

Ello ha conducido a un aumento del populismo, uniendo a los que vivieron años de penuria y mejoraron (recuérdese a la España de los 50 del siglo pasado con el mejoramiento de los años ochenta, noventa y principios de este siglo) y a su vez a los jóvenes que no han visto más que abundancia y ahora observan el desempleo, la negritud del futuro. Ello ha hecho que formen un binomio social de desencanto, que se ha traducido en un retorno a la tribu pensando que ella va a encontrar el camino, una prueba de ello es la violencia islámica y el resurgir de los nacionalismos más insolidarios .

El error es creer que la solución está en decir ‘yo’, ese sujeto único que ocupa su lugar llevado por su preocupación que se cree el centro, y que ha generado una situación caótica con multiplicidad de naciones, de regiones y micro sociedades unidas por diferentes factores sociales.

Error que ha generado conflictos étnico-político-religiosos que fomentan contradicciones entre soberanías nacionales-absolutas y la necesidad urgente de una autoridad supranacional que sea capaz de poder resolver los problemas de este mundo globalizado

Para ello es necesario aceptar las reglas del juego y no tirar por el camino de no tener en cuenta al otro. Se quiere empezar de nuevo. Se ignora la historia en 1981: en el mes de abril Tarradellas, hoy no suficientemente nombrado, escribió sobre el golpe de Estado, sedición de Companys: “La exaltación de un nacionalismo exacerbado pudo más que la opinión de aquellos que preveíamos, como así ocurrió, un fracaso rotundo”.

Y ante la rotura de la paz social en su división de catalanes buenos y catalanes súbditos sería bueno recordar esta otra frase del Presidente que trajo la Generalidad a Cataluña: “Nuestro país es demasiado pequeño para que se desprecie a ninguno de sus hijos y lo bastante grande para que quepamos todos”.

Hay una reglas de juego, compartidas por todos, que fueron votadas por el 90,4% de los catalanes con total libertad, cambiémoslas sino nos sirven para el momento actual, pero no creamos que tenemos el bálsamo de Fierabrás que todo lo resuelve empezando de cero. En un mundo globalizado las soluciones requieren la aceptación de todos. La globalización implica la conjunción de todos, romper la baraja no es la solución. Dialoguemos desde la legalidad que nos dimos y cambiemos todo lo que haya que cambiar.


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