Seguro que los ‘millennials’ que se pasean eufóricos por la Meridiana no han leído la novela de Fernando Vizcaíno Casas que tiene por título el de este comentario, y no han visto el film de Rafael Gil del mismo título. Si lo conocieran se darían cuenta que no hay nada nuevo bajo el sol y que el personaje que nos gobierna en esta nuestra autonomía se parece muchísimo al equivalente de la película.
Algunos comentaristas han escrito que la puja nacionalista es la de hacer invisible al Estado. Y que de no reaccionar a tiempo conllevará a la desaparición del Estado español como autoridad real en amplias zonas del territorio nacional.
Y al paso que vamos ocurrirán en nuestro país situaciones como el impresionante diálogo del film y de la novela entre dos presidentes autonómicos que “dialogan” cada uno de ellos en su lengua vernácula y al final optan, dado que el traductor no se aclara, por recurrir a la lengua que une a todos los españoles por más que les pese.
El estado de alarma decretado y el aislamiento adecuado que proyecta hace que se tenga mucho tiempo para pensar. Y cabe pensar, como han señalado algunos expertos juristas, muchos más conspicuos que yo en el tema, lo que establece el artículo 19 de la Constitución Española que dicta que “los españoles tienen derecho a elegir libremente su residencia y a circular por el territorio nacional. Asimismo, tienen derecho a entrar y salir libremente de España en los términos que la ley establezca. Este derecho no podrá ser limitado por motivos políticos o ideológicos».
Este derecho fundamental puede ser suspendido por el estado de excepción o el de sitio, como señala el Artículo 55 de esa Constitución, que todo político español debe jurar o prometer, a pesar de las rocambolescas circunlocuciones a que nos tienen acostumbrados algunos políticos, no solo independentistas sino revolucionarios de pacotilla.
No queda claro tampoco si la palabra suspender puede conllevar a limitar derechos y libertades. Diera la impresión, visto los que estamos viendo, que la Constitución a la hora de la verdad algunos creen que tienen la misma categoría que una ley de emergencia autonómica y que cualquier político desde un alcalde o un presidente de autonomía puede limitar el derecho fundamental, antes señalado en la Constitución. Este derecho solo puede ejercerlo el presidente por 15 días y si desea ampliarlo debe tener permiso del Congreso de Diputados donde residen la soberanía de todos los españoles, es decir no solo de una autonomía o de dos o de una ciudad o no.
• No soy jurista y solo un ciudadano que cree que la Constitución es la máxima garantía de mis derechos y que estos no puede ser limitados por ser derechos fundamentales por un alcalde, un presidente autonómico o el presidente de mi Comunidad de vecinos.
• Debo estar equivocado visto lo visto, afortunadamente para mí que leí a su tiempo la novela de Vizcaíno Casas y vi el film de Gil, ya estaba preparado para aquello que ya señaló el de Loyola en “en tiempos de desolación no hacer mudanza”. Y quiero suponer que mi presidente autonómico pedirá a los Jefes de Estado de Andorra (Emmanuel Macron, presidente de la República Francesa, representado por Patrick Strzoda, y el obispo de la Seo de Urgel Joan Enric Vives i Sicília, representado por Josep María Mauri) y al presidente del Gobierno andorrano, Xavier Espot Zamora, como ha solicitado al Presidente de España que las carreteras de Andorra sean cerradas para que los catalanes no nos contaminemos.
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