La suspensión del WMC, la información y la gobernanza

Confirmada la suspensión del Mobile World Congress, parece que ha sorprendido a los gobernantes. Lo sorprendente es que no estuviese previsto desde hace días esta posibilidad y hayan mentido. O, lo peor, que no hayan sabido reaccionar valientemente, en defensa de la integridad de la población y de los visitantes. Pensar en otra cosa me parece de incautos.

Está claro que la repercusión de la suspensión supone un quebranto para la economía de la ciudad, que se calcula en la pérdida de cientos de millones de euros, en miles de puestos de trabajo temporal y pérdida de pedidos a empresas. También está claro que la ambigua relación con el evento del consistorio de Ada Colau, que reiteradamente se había manifestado en contra de su celebración, es preocupación añadida.

Supongo que ahora se arrepienten de tan estúpidas manifestaciones, de hace aún poco tiempo, cuando no solo este año, sino la continuidad de su celebración en Barcelona parece más complicada (no tardaremos en escuchar “es que Madrid maniobra para quedárselo”, la estupidez y a maledicencia son incansables).

Noticias diversas muy divulgadas nos dicen que se celebran otros eventos en otras partes y que no se han suspendido, pero no nos hacen valoraciones comparables sobre la asistencia, procedencia, cantidad, etc. Sí lo hiciesen, ni lo de Holanda o lo de Singapur, ejemplos comentados ampliamente, tienen ningún valor indicativo con lo previsto para Barcelona. Y esto no se aclara, o no se aclaran los profesionales y medios que lo divulgan.

El pasado año asistieron más de cien mil personas, un porcentaje alto provenían de países orientales y de ellos una buena parte de China. Algunas empresas de gran importancia en el sector son también de matriz china.

Al tiempo del encuentro central del MWC se organizan actividades complementarias, de empresas de desarrollo tecnológico (Montjuïc), de divulgación para jóvenes y escolares (La Farga Hospitalet) y otras. Ello significa que la propia actividad del evento llega a mucha más gente de la inicialmente valorada, a causa de estas actividades complementarias. Y más contactos y en mayor espacio.

En cuanto a los contactos con la población de Barcelona, gran ocupación de hoteles, restaurantes, tiendas de todo tipo, locales de ocio, prostitución, reuniones paralelas en empresas y servicios de la ciudad, utilización masiva del transporte público, metro, tren, autobuses, taxis… Todo ello trasciende la propia ciudad de Barcelona para extenderse por toda el área metropolitana.

Si a ello sumamos actividades de turismo de ocio y cultural, el evento crea relaciones y posibilidades de contacto para un área de varios millones de personas en nuestra comunidad. Y, obviamente, en otras ciudades del resto del país por motivos personales, profesionales o de turismo, etc. Millones de personas están potencialmente afectadas por los miles de visitantes y sus actividades, y muy marcadamente los que provienen de China. Todo en una situación de creciente alarma y preocupación.

¿Cómo puede entenderse entonces que, durante unos días, cuando ya empezaron las deserciones de las grandes empresas, no se tomasen decisiones valientes y se informase de lo que ocurría de forma clara? Es imposible entender que por la mañana de ayer mismo se dijera que la convocatoria se defendía y que por la tarde se clausurase. O se mentía o no se sabía que hacer por parte de quienes tienen la obligación de velar por los intereses de la población y me refiero a los prioritarios, su integridad y seguridad como personas, aun a pesar de los quebrantos económicos que pueda suponer.

Los gobernantes, el Gobierno, la Generalitat, el Ayuntamiento, no han dado la sensación de trabajar conjuntamente ante esta situación. Las noticias sobre que 50 millones de personas están en cuarentena en China, mediante una información a todas luces insuficiente, y la opacidad con que tratan sus temas, todo nos lleva a pensar que la catástrofe puede ser mucho mayor que lo que admiten. Y por tanto peligrosa para ellos y para todos, si no se puede controlar bien.

Por ende, las informaciones y valoraciones de la OMS han sido pacatas, tardías y confusas, pero tenemos buenos técnicos y especialistas en nuestro país, cualificados para que la evaluación de riesgos llegue a nuestras autoridades y las manejasen con buen conocimiento. Si así es, cabe pensar que nos las han ocultado o lo peor, que no han sido conscientes de la enorme prioridad de tenerlas valorarlas y en función de ello actuar, técnica y comunicativamente.

Las mentiras sobre la reunión clandestina de un ministro en Barajas con la vicepresidente de un gobierno dictatorial ocupaba ayer a nuestros legisladores, pero parece que a nadie le importaba tener noticias fiables de la posible pandemia y de los riesgos que supone concentrar en una ciudad, en espacios acotados, a más de cien mil personas de distintas proveniencias incontrolables y en pocos días. Inconsciencia, ineficacia, desinformación… que cada uno juzgue.

Y qué decir de los disparates informativos. Nos dicen que ello puede ser debido o acrecentado porque no tenemos buena imagen sanitaria en otros países. Cuando estamos hartos de escuchar como se debe controlar “el turismo sanitario de países europeos” por la credibilidad de nuestro sistema sanitario que hace de efecto llamada. ¿En qué quedamos? Lo olvidamos porque un memo o mema, sin datos contrastables, se le ocurra escribir eso en cualquier diario a miles de kilómetros y nuestro secular complejo de inferioridad en lugar de analizarlo y dar datos nos lleve a publicarlo sin más.

Ayer mismo se dedicó, en horario de amplia audiencia, más de media hora a explicar en un programa humorístico como usar y para qué sirve un aparato para medir la temperatura a distancia y que se quería aplicar en aeropuertos y pensando en el MWC. ¡Qué risas, verdad! Lástima que al tiempo se hubiese dicho por parte de personas conocedoras del tema que muchos de los afectados por el coronavirus eran asintomáticos, a partir de ello, la toma de temperatura no daba seguridad alguna para detectar a posibles contagiados. El humor incluso ayudando a desinformar. En fin.

Cuando una empresa notificaba que no asistiría, inmediatamente han salido estos días (hemeroteca amplia), valoraciones en lo que supone de impacto para el evento y lo peor, en algunos casos, restándole importancia. Como si estas decisiones se tomasen en una parrillada entre unos amigos valorando la pesadez de los viajes intercontinentales. Nadie ha dado información de los motivos complejos por lo que grandes transnacionales tomaban la decisión. Parece que todo quedaba en “tienen miedo y los hacen por precaución”.

¿Es todo? Me temo que no. Pongámonos en la piel del servicio jurídico de una empresa importante que enviará a altos ejecutivos a Barcelona al evento. Imaginemos la evaluación hecha por esos servicios de lo que ocurriría en caso de una persona contagiada o que se creyese se había contagiado en Barcelona. Tirando de calculadora, seguramente empezaron a prever millones de dólares en compensaciones ganadas en los tribunales del país. ¿Y si eran más de una? No parece descabellado pensar que esto haya influido en la decisión de no asistir. Pero claro, es un suponer, nada más. Igual nos enteramos, cuando la nota de prensa de la empresa llegue a las redacciones, quizás.

Involuntariamente, lo que ha ocurrido con la información, las explicaciones ofrecidas por nuestros gobernantes o la falta de ellas nos lleva a pensar en unas referencias mundiales, ambas muy preocupantes.

Recordemos a Ibsen y su obra “Un enemigo del pueblo”, El rechazo y coacción de una comunidad cuando en el balneario se pone en peligro la vida de los usuarios por una contaminación por bacterias y para no poner en peligro el negocio se intenta acallar a quien lo denuncia con la connivencia de autoridades y prensa.

La otra quizás mucho más conocida es Tiburón, la película de Steven Spielberg, y como la preocupación por la pérdida de turismo en la localidad hace esconder el peligro del depredador entre los alegres bañistas.

Estos días no es difícil pensar que nadie o pocas se toman en serio lo de gobernar y lo de informar. ¿Estamos o hemos estado en manos de inútiles o sinvergüenzas?

José Luis Vergara. Febrero 2020

 


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