El Camp Nou se ha convertido en un escaparate privilegiado para la propaganda secesionista. Una minoría de socios culés, amparados en el silencio de la mayoría, han secuestrado el coliseo azulgrana y lo han transformado en un circo político.
Las pancartas de «libertad presos políticos» o las que comparan a España con un país totalitario, o los gritos de «independencia» en el minuto 17,14 se ven y se escuchan en todo el planeta gracias al eco mediático que el Barça despierta entre los aficionados a nivel mundial.
Y este comportamiento no cejará hasta que los socios barcelonistas hartos de la manipulación sectaria a la que un puñado de radicales secesionistas someten al club no digan «basta». No hay que ser independentista o constitucionalista, basta con querer separar fútbol y política.
Han de ser los socios culés hartos de esta manipulación los que piten cada vez que se escuche «independencia»; han de ser ellos los que lleven pancartas pidiendo que el Barça es de todos, no de los aprendices de CDR que llenan de mensajes políticos la grada; han de ser ellos los que le pidan a la directiva del Barça que se acabe la permisividad y la complicidad con los que utilizan el sentimiento barcelonista para vender su propaganda excluyente.
Si no es así, la manipulación propagandística del secesionismo irá a más, y cada día asqueará a más barcelonistas de toda España, que se acabarán convirtiendo en ex culés.
Comentario editorial de elCatalán.es.
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