Los socialistas catalanes han sabido convertirse en el voto útil del separatismo ya que supieron leer que, tras una fallida declaración unilateral de la independencia y de años de martirología separatista a cuenta de las condenas a los líderes del ‘procés’, mientras la República Catalana prometida nunca llegaba, había llegado el momento del secesionismo a cámara lenta.
La apuesta del PSC es la vuelta del nacionalismo pujolista, merendándose a parte de ERC, pero gestionada por Salvador Illa. Por eso el ‘president’ reivindica a Jordi Pujol, lo elogia y se reúne con él. Por eso ha llenado su Govern de ex convergentes y de soberanistas de todo tipo y pelaje. Y cuenta con dos consejeros independentistas, sin carnet de ERC, pero cercanos: Francesc Xavier Vila (Política Lingüística) y Sonia Hernández (Cultura).
A los restos de Unió Democràtica ya los compró hace unos años fichando a Ramon Espadaler y Albert Batlle, ahora va incorporando, poco a poco a los neoconvergentes rebotados. Tras Miquel Sàmper y David Bonvehí vendrán más. Santi Vila ya hace cola. Muchos históricos del PSC que pensaban que su partido era la alternativa del nacionalismo del ‘peix al cove’ están comprobando la mutación de los socialistas en la CiU que antaño combatían.
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