El problema de Salvador Illa, a la hora de hablar de los presupuestos de la Generalitat, es su nula credibiidad a la hora de plantear exigencia a Pere Aragonès. Cuando el líder socialista asegura que la negociación no avanzará hasta que ERC cumpla lo pactado en los presupuestos del año pasado lo hace como un brindis al sol, dado que no tiene ninguna fuerza para ello.
Desde que Pedro Sánchez ha necesitado a ERC para garantizar su presencia en Moncloa el PSC se ha convertido en un lacayo de Pere Aragonès. Los socialistas catalanes, en sus declaraciones, marcan perfil y aseguran que tienen autonomía respecto al PSOE, pero no es verdad. El PSC tiene demasiados intereses en el Gobierno, y en las empresas públicas, como para plantear un pulso a Sánchez.
De ahí que cada petición de ERC al PSOE, porque Aragonès con quién negocia en serio es con Ferraz, no con el PSC, se traduce en una orden al PSC para que le ponga una alfombra roja al Govern. Y acaban tragando. Pruebas hay unas cuantas: el pacto de la actual dirección de TV3 y Catalunya Rádio, los presupuestos del 2023, el seguidismo de la política lingüística hispanófoba de ERC…
Al final, de tanto ceder ante el separatismo el PSC se ha convertido en un partido independentista más. Buena parte de su electorado no lo es, pero su cúpula se ha rendido ante la estelada y lo demuestra cada día. No lo duden, más pronto que tarde veremos gobiernos compartidos entre los socialistas y los secesionistas tanto en el Ayuntamiento de Barcelona, como en la Generalitat.
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