Barcelona padece desde hace más de tres meses cortes en una de sus principales vías de comunicación, la Avenida Meridiana, por parte de un puñado de radicales que han decidido que el derecho a la libre circulación de los ciudadanos no existe cuando a ellos les apetece.
Por supuesto, todos los poderes públicos miran hacia otro lado y permiten que estos radicales hagan lo que les dé la gana con total impunidad.
Los separatistas están tan convencidos que tienen barra libre, que “las calles son suyas”, que ya no toleran ni el derecho al pataleo por parte de los constitucionalistas que están hartos de estos abusos, y sus voceros masacran a quienes les afean su incivismo por fastidiar la vida a miles de ciudadanos con sus cortes indiscriminados.
Esta es la situación que se ha creado en Cataluña ante la pasividad, complicidad y apoyo por parte de los que deberían resolver problemas, no fomentarlos.
Comentario editorial de elCatalán.es
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