La marcha sobre Cataluña (carta a un amigo señalado). Un artículo de Pau Guix

Amigo Gaby, recoge este mismo periódico que esta madrugada tu coche ha sido pintado con lazos de la vergüenza, esos lazos amarillos que los separatistas le han robado a diversas causas nobles, y que antes mostraban solidaridad y apoyo a los afectados por la endometriosis y la espina bífida.

Mi buena amiga Miriam Tey, luchadora y resistente, me comenta esta misma mañana que por qué los catalanes que quitan lazos y plásticos amarillos y limpian de contaminación política e ideológica el espacio público ─como tú, segador del maresme─ tenéis que ir con la cara tapada cuando en realidad hacéis un servicio público y además estáis supliendo lo que desde la legalidad ─las administraciones locales─ se debería hacer.

Gaby, por desgracia, no has sido el primero ni serás el último en sufrir el señalamiento y el acoso. Viendo tu coche o las pintadas en los muros de los domicilios de otra gente luchadora como tú, que descontamináis una noche sí y otra también el espacio público en Cataluña, creo que queda más que patente el porqué cuando lleváis a cabo las acciones de limpieza os tenéis que cubrir los rostros, porque sino os identifican, os señalan y luego os marcan como al ganado destinado al matadero. Hoy tus hijos no han ido a clase: esa es la Cataluña que los totalitarios nos tratan de imponer, la del miedo, pero no nos amedrentarán.

Con esos mismos lazos amarillos robados a nobles causas es como los execrables miembros de los CDR ─esa repugnante imitación de las ominosas SA hitlerianas─ de Vilassar marcan y señalan a los traidores como tú, es decir a aquellos ciudadanos que no comparten sus ideas. Y todo ello, amparado y bajo la protección del alcalde de Vilassar de Dalt, Xavier Godàs, según su propio perfil de Twitter sociólogo permanente y alcalde coyuntural, vamos, de la coyuntura amarilla, el mismo coyunturero que defendía este mes de marzo en el artículo El independentismo y los hechos ─en uno de los múltiples digitales del odio que subvencionamos aunque no queramos el conjunto de los catalanes─ que “el tronco de la resistencia democrática catalana no tiene como referencia a personajes singulares sino la dignidad popular”, dignidad que identifica erróneamente con la indignidad filofascista de su propio movimiento nacional.

Godàs ─que a la vista está que estudió en la misma escuela para supremacistas que Quim Torra, Miquel Manubens y muchos otros dirigentes del movimiento nacional catalán─ afirma en el mismo artículo que “no hay una alternativa insurreccional porque no hay condiciones objetivas para una insurrección ni disponemos aún de una mayoría inapelable del 50+1 ni, sinceramente, veo ninguna dirección política ni a ningún pueblo que pueda protagonizar ninguna insurrección a no ser que se confunda la cosa insurreccional con actos de protesta, reivindicativos, o con el simple ejercicio de la propaganda”, que es lo que él ampara en su ayuntamiento como las dos veces que también amparó las urnas en las votaciones ilegales de 2014 y de 2017.

Godàs añade que “la política de transformación republicana e independentista debe reorientarse de manera que, habiendo forjado gobierno, retome el difícil camino de la reapropiación institucional catalana afrontando los retos inmediatos de bloquear las intervenciones anunciadas del gobierno español” y defiende “una clara voluntad de recuperar de entrada lo que nos habían arrebatado, nuestras instituciones”.

Pues va a ser que quien ha robado las instituciones y el espacio público a la ciudadanía catalana no somos nosotros, amigo Gaby, sino ellos, porque su xenofobia, su racismo, su odio, su propaganda, su invasión del espacio público, sus consignas y su defensa de un golpe de Estado no nos representan a la mayoría de los catalanes.

Aunque ese fútil pero destructor intento de marchar sobre Cataluña y de apoderarse de las instituciones tiene un claro precedente, la marcha sobre Roma de Benito Mussolini y los seguidores Partido Nacional Fascista entre el 27 y el 29 de octubre de 1922, marcha que consolidó el fascismo en Europa.

Previamente Mussolini ordenó a sus militantes que hicieran manifestaciones públicas masivas, recurriendo a toda la violencia que fuera necesaria, en las principales ciudades italianas. Por eso no deben sorprendernos actitudes como la de Godàs o la de Torra o la del propio Puigdemont o la de cualquiera de sus varios acólitos fugados por el mundo (¿para cuándo un programa en la TV3 presentado por Miquel ‘Mikimoto’ Calçada?).

Pero nosotros no somos los primeros en ver ni el horror ni tampoco lo grotesco que se esconde detrás de estas ideologías nacionalistas reaccionarias ni ahora ni en tiempos de Mussolini. El grandísimo cineasta Dino Risi rodaba en 1962 La marcha sobre Roma protagonizada por los no menos excepcionales Vittorio Gassman y Ugo Tognazzi. En ella, con una visión ácida y grotesca, nos relata la historia de dos ganapanes, Domenico Rocchetti y Umberto Gavazza que se apuntan de manera accidental al fascio como única salida a su situación de miseria. A lo largo de la marcha sobre Roma ven caer, uno tras otra, todos los puntos que se recogen en el manifiesto fascista original, que tienen impreso y que les acompaña a lo largo de todo el camino.

En esta excepcional película ─que todos los separatistas deberían ver como espejo deformante de su ideología totalitaria y supremacista─ Risi nos explica mediante una breve conversación entre sus dos protagonistas, Domenico y Umberto, el porqué de la necesidad humana de ampararse bajo la uniformidad de la manada para justificar lo que por uno mismo sería siempre injustificable.

─Un hombre necesita sentirse alguien.

─Sentirse fuerte y no un imbécil como todos los que van por ahí.

─Es por eso que a mí el fascismo me cae bien.

Amigo Gaby, los fascistas marcharon sobre Roma y los nacionalistas marchan sobre Cataluña. Pero no te preocupes, a la mayoría de los catalanes, gente de bien, personas sensatas y españoles sin ambages, el fascismo ni nos cae bien ni lo toleramos, como tampoco nos cae bien ni toleramos su versión regional, xenófoba y supremacista que nos ha tocado sufrir en estos aciagos tiempos en nuestra tierra.

A día de hoy, conviene recordar a los intolerantes, a esa legión de zombies amarillos que, amparados por las instituciones separatistas (ya sean de la administración catalana o de la sociedad civil), campan a sus anchas marchando sobre Cataluña, invadiendo el espacio público a su paso con sus símbolos, sus cruces y sus banderas esteladas, señalando ─como en tu caso─ al disidente desafecto a su régimen del odio y la exclusión, tratando de quemar las sedes de los partidos políticos contrarios ─o en el mejor de los casos lanzando excrementos contra sus puertas─, a todos ellos les decimos que rechazamos plenamente cualquier manifestación de odio, vengan de donde vengan, ya sea desde la sociedad civil, los medios de comunicación o los partidos políticos con y sin representación institucional; y que rechazamos enérgicamente todas aquellas manifestaciones e ideologías que han llevado al ser humano a cometer barbaries como el genocidio armenio, el Holodomor o genocidio ucraniano, el Porrajmos o genocidio gitano y la Shoah u holocausto del pueblo judío.

Y también les recordamos que tampoco vamos a permitir ni la hispanofobia ni la catalanofobia en contra de los catalanes desafectos al régimen nacionalseparatista. Y que no vamos a permitir que sus voceros mediáticos nos deshumanicen, como hicieron los humoristas gráficos con los judíos en la Alemania de los años 30 o como previamente hizo Wagner en aquel repulsivo libelo que tituló El judaísmo en la música donde despreciaba el acento, la lengua, la religión, la figura y el talante de los judíos y además pedía su extinción. Pero conociéndoles bien como les conocemos, y creo que acordarás esto conmigo, Gaby, a estas alturas preferimos ser bestias con taras genéticas (Quim Torra dixit) antes que formar parte de la raza pura y superior que ellos se autoconsideran.

Cuando Domenico y Umberto se presentan en uniforme fascista en casa del juez Bellinzoni para vengarse de él, ya que les había juzgado y enviado dos años a prisión previamente, éste les responde: “Son ustedes unos irresponsables, pero no es sólo culpa suya. Cuando el fanatismo toma el puesto de la razón, el camino está lleno de engaños. Y el engaño mayor es justamente que uno cree amar a su propia patria sólo si esa patria es un país donde todos piensan del mismo modo. Y es así que termina por amar a una patria de esclavos sin darse cuenta de que él mismo es también un esclavo”.

Ciertamente, amigo Gaby, los xenófobos y supremacistas miembros del nacionalsecesionismo catalán aún no han podido ─o querido─ darse cuenta de que no han terminado siendo nada más que lobotomizados esclavos del odio estelado. Que ellos odien, nos da igual, nosotros lucharemos sin descanso por erradicar todas y cada una de las semillas del odio colectivo que han tratado de hacer crecer en nuestra sociedad usando sus banderas como estiércol.

Pau Guix. 22 de mayo de 2018


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