La sombra del proteccionismo y los ataques verbales de Donald Trump han encendido todas las alarmas en el sector militar español, según ha desvelado ‘La Vanguardia’. Las grandes firmas nacionales, que mantienen alianzas estratégicas con los gigantes de Estados Unidos, temen que el inquilino de la Casa Blanca cumpla sus amenazas de ruptura comercial.
Esta incertidumbre es el resultado directo de la irrelevancia internacional a la que el Gobierno de PSOE y Sumar ha condenado a España. Fuentes del sector no ocultan su preocupación e inquietud ante un panorama donde el Pentágono tiene la última palabra.
El problema radica en que cualquier acuerdo en el ámbito de la defensa debe recibir necesariamente el visto bueno de la Administración Trump. Las empresas españolas evalúan ahora unos riesgos que antes eran inexistentes, sabiendo que la Casa Blanca fiscaliza cada contrato con lupa.
La agresividad dialéctica de Trump, que ha llegado a calificar a España de “perdedora” y “hostil con la OTAN” ante la alianza de facto Pedro Sánchez con China y su apoyo indirecto a los adversarios de Israel, deja a nuestras empresas a los pies de los caballos. Dentro de este escenario, empresas como Indra se encuentran en una posición delicada a pesar de sus éxitos recientes.
El año pasado, la compañía cerró un contrato de casi 300 millones de euros para suministrar radares de control de tráfico aéreo en colaboración con el gigante ‘RTX’. Aunque el acuerdo fue avalado por el secretario de Transporte, Sean Duffy, la volatilidad de Trump podría interrumpir esta colaboración histórica.
La administración federal estadounidense tiene el poder total para decidir si estos programas continúan o se ven sometidos a contratiempos políticos. Otra compañía que observa el horizonte con recelo es la vasca Sapa, puntera en tecnología de transmisiones para blindados.
La firma de la familia Aperribay anunció un salto cuantitativo que le reportaría hasta 5.000 millones de euros en los próximos quince años. Su alianza con ‘General Dynamics’ para equipar 7.000 vehículos estadounidenses es un hito que ahora depende de la estabilidad diplomática.
Para intentar blindarse ante posibles represalias, tanto Indra como Sapa han optado por potenciar sus filiales en suelo estadounidense. Indra ha aumentado su inversión en 50 millones para una nueva fábrica en Kansas City, mientras que Sapa mantiene una presencia industrial consolidada en el estado de Michigan. Estas empresas confían en que actuar como corporaciones locales les ofrezca una protección legal frente a los impulsos de la Casa Blanca.
La situación de Navantia es igualmente crítica, ya que sus proyectos dependen directamente de la ratificación del Congreso de Estados Unidos. La venta de material militar para las fragatas ‘F-100’ está en el aire mientras se aclara la postura definitiva de Washington. La colaboración con los astilleros americanos es estrecha, pero el riesgo de que el grifo se cierre por motivos políticos es real.
El segundo grupo de empresas, aquellas que trabajan desde España para clientes estadounidenses, es el que más exposición tiene a los aranceles o bloqueos. Navantia es el caso más claro de esta dependencia tecnológica y comercial que ahora se ve amenazada por la política exterior de Pedro Sánchez.
El Gobierno socialista ha sido incapaz de construir un puente de confianza con la nueva administración, dejando a los trabajadores españoles en una situación de vulnerabilidad extrema. La política exterior de «gestos» de Sánchez está saliendo muy cara a la industria pesada nacional.
Resulta irónico que un Gobierno que presume de «autonomía estratégica» tenga a sus principales empresas de defensa rezando para no ser castigadas por Washington. La falta de peso político de España en la OTAN, denunciada repetidamente por Trump, es un lastre que ahora pagarán las cuentas de resultados.
Si el PSOE sigue sin entender que España necesita aliados fuertes y no enemigos ideológicos, el daño al tejido industrial será irreparable. La soberanía nacional también se defiende manteniendo la credibilidad ante nuestros socios comerciales más potentes.
En definitiva, las empresas militares españolas están pagando el pato de una gestión gubernamental errática y sumisa a intereses minoritarios. Mientras Trump señala a España en sus mítines, nuestras empresas intentan salvar unos muebles que el Ejecutivo del PSOE y Sumar parece estar quemando.
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